Nuestros bosques

¿Qué hemos hecho y qué estamos haciendo ahora para cuidar nuestros bosques y prepararlos de cara al próximo verano, que se presenta muy complicado? Puede parecer que la pregunta está fuera de lugar y de la actualidad. Nada más lejos de la realidad. Tal y como recordaba muy bien ayer en LA RAZÓN el experto forestal Juan Manuel Batiste, los incendios de este tipo se apagan durante el invierno, a lo que se podría añadir que también en la primavera. La campaña que está a punto de comenzar será difícil debido a que la última temporada de lluvias va a provocar un exceso de vegetación y de maleza que, con los primeros calores, se secará y arderá con mucha facilidad si se dan las circunstancias apropiadas. La más letal será la coincidencia de altas temperaturas, sequedad y vientos fuertes. Es casi seguro que durante algunas jornadas del próximo verano se junte todo con el consiguiente peligro. Si a estos hechos añadimos la difícil situación en lo que respecta al dinero y los ajustes a la baja en las partidas de los presupuestos de las comunidades autónomas, que son las que tienen competencias en la materia, destinadas a prevenir y sofocar los incendios, nos encontraremos con un cóctel explosivo. Como en otras muchas cosas, sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Durante esos días en los que arde media España se habla del asunto, se piden medidas, nos quejamos de los recortes presupuestarios, destacamos que los montes y los bosques no entienden de autonomías, recordamos que los incendios se apagan en invierno, pero, luego, si te he visto, no me acuerdo. Hace falta dinero, sí, pero también planificación, organización y coordinación. Todas estas tareas se realizan mejor en las épocas tranquilas.