Podría, podría...

Sin exagerar, llevo como 30 años –si no más– leyendo noticias como la que hoy ilustra esta sección. Se ha descubierto una técnica que podría evitar, que podría curar, que podría, podría, podría... Y pasados 10, 20 o 30 años se ve que no se ha podido, y seguimos leyendo idénticas noticias sin ver soluciones reales y, mucho menos, definitivas. El «Yes we can» parece haber hecho mucho daño. Si se puede, que lo hagan. Si no, ¿para qué tanto anuncio y fuegos de artificio?

En enfermedades como el cáncer lo que necesitan los enfermos y sus familiares no son teorías, combinaciones ininteligibles de letras y números tan sólo sensibles a ojos expertos. Necesitan, necesitamos, hechos y no supuestos. Si lo prefieren decir así, precisamos realidades, exigir un carácter empírico a lo que es, y así nos lo venden, una ciencia. Y sobre todo, requerimos que nos hablen en un idioma que entendamos todos, que nos resuelva dudas y que fabrique esperanzas sobre realidades y no prendidas en espacios etéreos difícilmente perceptibles. Porque quien está hoy luchando contra un cáncer y lee una noticia como ésta necesita llevarlo a su terreno, entre otras cosas, porque para eso se publica. Y si no, que expliquen para qué lo hacen, porque vender la piel del oso antes de cazarlo o jugar al cuento de la lechera no aporta demasiada seriedad. Vamos, que si de una maldita vez dan con la cura, que lo digan, que la apliquen y punto. Y ya puestos, y por pedir, que se espabile quien deba y pueda espabilarse, porque ya está bien. En esto, como en la justicia, si el resultado llega tarde, ya no vale.