Problemas y problemas

La Razón
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Don Juan clamó al cielo y no le oyó; Bartomeu, a la Audiencia Nacional, que le escuchó, pero insiste en sentarle en el banquillo junto al clan Neymar y Rosell. Después de una de esas derrotas que marcan para toda la vida como la letra escarlata –el 2-3 del último clásico–, Zidane pidió tranquilidad y la obtuvo en Riazor, victoria excelsa que profundiza en alguno de sus dilemas.

Pero hay problemas y problemas. Los que acorralan al Barça no son políticos, por mucho que el tradicional y rancio victimismo se empeñe, ni siquiera deportivos, que la pelota entra, son cuentas pendientes con la Justicia y salpican a Messi, el mejor jugador del mundo, a Neymar, que presentó hace tiempo la candidatura del heredero, al ex presidente Rosell, lo cual resbala a la institución, y al presidente Bartomeu, que sí que la emponzoña. Una visita cotidiana a los tribunales, en medio de un conflicto permanente, que no irrumpe en el tránsito deportivo. Los otros problemas, benditos problemas, son los que asedian a Zidane.

Partiendo de dos equipos, el A, plagado de estrellas intermitentes, y el B, admirado por esos luceros emergentes de luminoso futuro, ese sentido común que es el menos común de los sentidos aconseja retocar el primero con elementos del segundo sin forzar una revolución innecesaria. No hay que elegir A o B, sólo mezclarlos, no agitarlos. Y Zidane ha demostrado que tiene buena mano para la coctelería. Isco y Asensio reclaman su sitio; Bale ha cedido el suyo. Hay que encontrar un lugar para otro. Si Casemiro, Kroos, Cristiano o Modric flaquean, ya se sabe. Hace falta valor.