Que Dios me perdone

La Razón
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Supongo que ya me habrán escuchado decir que lo de tertuliano de radio o televisión es mucho mejor que trabajar y en esas actividades andaba yo este fin de semana, cuando decidieron abrir los micrófonos a los oyentes para que opinaran sobre la sentencia del «Caso Nóos», la absolución de la Infanta y la condena de Urdangarín.

Entró casi de inmediato una paisana que en antena soltó con voz atribulada que la pena de seis años y tres meses de cárcel impuesta al yerno del Rey le parecía una broma por su levedad. Como pude, porque tienen costumbre los directores de programa de considerar sagrada la palabra del oyente, pregunté cuántos años le parecían justos.

Sin cortarse un pelo y sin haberse leído los 741 folios del veredicto, lo que es disculpable porque tampoco lo habían hecho el juez instructor José Castro y el fiscal Pedro Horrach cuando se pusieron a largar, la señora afirmó rotunda: «Por lo menos 12». No voy a reiterar ahora que eso es lo máximo que le cae en España a un violador contumaz y lo que le suelen endiñar a un asesino confeso, porque una docena de años es lo que ha estado en prisión un facineroso llamado Youssef Belhadj, uno de los «cerebros» de los atentados del 11-M.

El tal Belhadj, a quien cualquiera de ustedes puede cruzarse por la calle porque se mueve libre como un pajarito, fue quien puso voz al vídeo que los terroristas dejaron en una papelera contigua a la mezquita de la M-30, dos días después de la masacre que dejó 193 inocentes muertos y 1.858 heridos y en la noche previa a las elecciones de 2004, que ganó Zapatero. Belhajd fue quien alquiló el piso de Leganés donde se refugiaron los yihadistas y hasta su captura operaba como portavoz militar de Al Qaeda en Europa. Quizá me he vuelto sensible con la edad, pero me acongoja el escaso interés que los periódicos, las cadenas de televisión, nuestros diputados y el rosario de «opinadores» de plantilla, los mismos que exigen calabozo eterno para Urdangarín y sus compinches, han mostrado hacia la puesta en libertad de este criminal y que nadie parezca reparar en que, dentro de nada, también saldrá de la trena Hassan El Haski, el otro cerebro de la carnicería de los trenes de Atocha. Que Dios me perdone, pero perdida mi fe en la Justicia, sólo albergo la esperanza de que nuestras casi siempre indolentes autoridades extraditen a ambos a Marruecos y que allí, un alma caritativa, les dé lo que se merecen.