Queridos «Jordis», son jueces, no políticos

La Razón
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Cuando en el año 97 por decisión del Tribunal Supremo la práctica totalidad de la mesa de Batasuna acabó en la cárcel por el delito de colaboración con banda armada, no faltaron las voces, no solo desde el mundo abertzale, sino también desde el ámbito nacionalista, que calificaron la decisión de «marcadamente política» por parte de una justicia no independiente. Sencillamente en aplicación de la ley –la ley y punto– se decidía una condena por apología de ETA en un vídeo electoral gratuito durante la campaña del 96. La justicia había funcionado. Con lentitud, con escasos medios y hasta con un entorno político complicado y crispado, pero funcionó. Dos años más tarde era el Tribunal Constitucional el que, atendiendo a un legítimo recurso de los condenados, entendió que éstos debían ser excarcelados cinco años antes sobre los siete establecidos en sentencia. También aquí la justicia del estado español funcionó.

Son innumerables los casos de decisiones judiciales que han condicionado la política –qué le vamos a hacer–. De hecho, antes de estos acontecimientos, nada menos que un ministro del Interior, el socialista Barrionuevo, entraba en prisión condenado por los GAL. Sin embargo, todavía hoy, y esta vez a propósito de la decisión de la juez de la Audiencia de decretar prisión para los líderes de la ANC y Omniun, los «Jordis», seguimos escuchando voces que piden a los jueces que actúen con mentalidad de políticos. Voces que sin ningún rubor establecen criterios sobre la proporcionalidad o la oportunidad. Voces que se permiten, desde un sesgo marcadamente partidista, incluso establecer escalas de valores a propósito de la conveniencia de que hoy siga tipificado el delito de sedición. Pero la justicia, aun siendo lenta, es justa y acaba llegando. Esta realidad coincide curiosamente con unas respuestas del «ruido» organizado en la calle y otros ámbitos sociales o políticos tras la sentencia, que se acaba diluyendo con el paso del tiempo y la lógica del sentido común.

Nadie le desea a los «Jordis» un largo período de tiempo en prisión, pero será tremendamente indicativo, no solo ponderar la respuesta en la calle –lo de las redes sociales es una muy distinta realidad paralela– durante estos primeros días tras la decisión de la juez Lamela, sino el recorrido y «magma» real de esa «solidaridad», porque ni Sánchez ni Cuixart están exentos de que les ocurra lo que a los citados miembros de la mesa de Batasuna. Uno de ellos, Joseba Permach, llegó a confesar años después su frustración al contemplar unos telediarios al mes de su encarcelamiento en los que ya no se hablaba ni de la suerte de los detenidos ni peor aún, de movilización relevante alguna más allá de los miles de personas que solo en los tres o cuatro día siguientes a la encarcelación se echaron a las calles del País Vasco. Las adhesiones como el movimiento se demuestran andando y hay que recordar que a la ANC todavía le quedan tres millones para completar su «colecta» para la fianza de Artur Mas. Todo lo demás, ruido de cacerolas.