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Rajoy y el voto católico

El retroceso del PP en las elecciones del 20-D tiene diversas causas, pero una de ellas, estoy convencido, es consecuencia del descontento de una parte de su electorado por la inexplicable actuación en un tema tan sensible como el aborto. Es cierto que hay otras cuestiones que han ayudado como mantener algunas normas de la tradicional “ingeniería social” de la izquierda como es la nefasta ley de memoria histórica, que no tiene nada que ver con la historia. Finalmente, están la corrupción, las reformas y los recortes y la presión fiscal. ¿Por qué muchos votantes se han quedado en casa? La verdad es que los insultos de Celia Villalobos no ayudaron, porque afirmar que los que estén en contra del aborto no tienen cabida en el PP es una vergüenza. No voy a glosar la ignorancia de esta diputada, porque se descalifica sola y es una demagoga con sensibilidad de izquierdas dotada de una asombrosa incontinencia verbal. Es cierto que la votaron como alcaldesa, también eran tiempos de fuerte crecimiento en el PP, y que mucha gente lo hizo tapándose la nariz. Rajoy debería centrar sus esfuerzos en recuperar ese voto abstencionista que está ansioso de un gesto para apoyarle, porque no quiere que gobierne la izquierda y no le gusta Ciudadanos. El PP no ha sido capaz de ofrecer una respuesta coherente en este tema tan complejo como sensible, pero el silencio no es una salida. La inmensa mayoría de cristianos, no sólo de católicos, estaría satisfecha con regresar a la situación anterior a la nefasta ley de plazos. No es una cuestión religiosa o de izquierdas y derechas, sino de respeto a la vida. La izquierda maneja muy bien la ideología mientras que el PP lo hace con la gestión y la eficacia en el gobierno, pero ofrece una imagen muy fría y tecnocrática. Rajoy es una persona de gran calidad humana y conoce muy bien al electorado de centro derecha, por lo que el voto útil y del miedo es coherente para impedir la realidad que podemos vivir después del 26-J, pero falta un impulso para atraer a esos millones de votantes del PP que están dispuestos a quedarse en sus casas. Estoy convencido de que gestos en esa dirección podrían dar un vuelco electoral y no perdería ni un solo voto. Los que le aconsejen que mantenga la posición no son buenos asesores, porque es limitarse a aspirar a poco más de un 30 por ciento, como señalan las encuestas más serias y rigurosas, mientras que recuperar el electorado tradicional del PP le permitirá romper ese techo y alcanzar una mayoría suficiente de gobierno. No debería olvidar los porcentajes que se obtuvieron en los años 2000, 2004, 2008 y 2011. No fue solo por la confianza en cómo se iba a gestionar la economía.

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