«Se acata, pero no se cumple»

Al leer la sentencia que valida la exhumación de un cadáver que lleva más de cuatro décadas enterrado en su tumba mediante un Real Decreto Ley, que es un recurso reservado «para casos de extraordinaria y urgente necesidad», se rebela internamente el sentido común y algo más.

Con ese fallo ejecutado solo con órdenes verbales, contemplamos el macabro espectáculo para desenterrar a Franco como un acto de campaña, que viola con el uso de maquinaria pesada una Basílica sagrada, con personal armado deambulando por ella, impidiendo el acceso a sus legítimos moradores e imposibilitando el culto. Deshonrar tumbas es un acto castigado gravemente en todas las culturas, tiempos y religiones.

Solo en periodos revolucionarios es frecuente asistir a la profanación de iglesias, conventos y sepulcros por las turbas enardecidas. Pero aquí no estamos todavía en una situación como esta, o eso creía yo. Este espectáculo es impropio de un país civilizado como España, lo diga quien lo diga, aunque el cadáver sea el de Franco y el templo la Basílica de la Sta. Cruz del Valle de los Caídos. Cuando se violan derechos, todos estamos amenazados.

Esta doctrina mañana será aplicable a cualquier mortal y a cualquier templo, con el tibio silencio de no pocos, por el argumento de que lo han aprobado los poderes del Estado. Qué apropiada la magistral fórmula de los virreyes de Indias para estos casos: «Se acata, pero no se cumple».