Sed de Mal

La gran inversión está hecha y un 80 por ciento de las obras, ejecutado. Para organizar unos Juegos Olímpicos, Madrid necesita menos impulso económico que Tokio y mucho menos que Estambul. No es una ilusión, es un hecho constatable. Madrid 2020 es ahorro y futuro. Se cifra en 150 millones de euros el gasto anual hasta el lejano y anhelado 7 de agosto para terminar lo empezado, para cruzar la meta de una carrera que comenzó con el siglo. No es una bicoca, pero sí lo necesario, incluso frente a la crisis, que no puede ser eterna. «Los Juegos son riqueza», afirma Jacques Rogge, llave del éxito, el líder indiscutible de la Asamblea del COI, el presidente; la fuerza de la palabra, la encarnación de los sueños. Sus deseos son órdenes, ¡señor, sí, señor! Y a partir del próximo 7 de septiembre, empleos, miles de puestos de trabajo, alrededor de 325.000, según lo previsto. Más un retorno inmediato de 2.500 millones de euros. Riqueza social y económica. Es lo que está en juego, lo que desde hoy y hasta el jueves estudiará, diseccionará, analizará y valorará la Comisión de Evaluación, ocho hombres y una mujer a quienes es obligatorio impresionar con hechos reales y proyectos sin ambigüedades; sin huelgas ni manifestaciones. No es conveniente asustar al examinador con algarabías ni amedrentarlo con presiones. El futuro está en juego. Ha llegado el momento de situarse en la orilla blanca o en la orilla negra, de ser oveja blanca o negra. Sobran las contradicciones, inauditas en el caso del secretario general de la UGT madrileña y patrón de la candidatura. Asume Martínez que ésta «es una buena oportunidad» de generar empleo y se alinea con quienes, ajenos a la realidad, podrían destruirlo. Madrid bien vale unos Juegos, ¿para todos?