«¿Shto Delat?»

La Razón
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«¿Shto Delat?», «¿Qué Hacer?» es uno de los libros más famosos de Lenin y es la acuciante pregunta del momento. La respuesta sencilla es: «todo lo que se pueda contra el Estado Islámico, como organización y como entidad política territorial». Sí, pero qué, cuánto, cómo, con qué medios, e incluso con qué propósitos concretos. Pero sobre todo, con qué resultados razonablemente previsibles y con qué previsiones por si las cosas se tuercen, porque las guerras se empiezan para obtener una rápida victoria y se eternizan, para vencer y se pierden, con unos objetivos y luego hay que modificarlos sobre la marcha, para cambiar las cosas para mejor y al final quizás estén peor. Con todo, el gran problema de los últimos conflictos en el Oriente Medio, y de eso hablamos, es que pueden iniciarse con gran apoyo público y de fuerzas políticas, que se esfuma ante las primeras dificultades, los primeros horrores o simplemente el paso de los días, dejando solo al gobierno que ha asumido la responsabilidad.

Si nuestra presencia pudiera hacerse poco visible como en Afganistán o absolutamente opaca como en Libia, podría ser suficiente, pero para los riesgos de Siria e Irak, donde ya tenemos un pequeño contingente de adiestradores militares, es fórmula perdedora si no se puede blindar políticamente. Hay que hacer algo, es el clamor, pero que salga gratis en disgustos e imágenes desagradables. Pero por encima de todo, sin tener la menor posibilidad de ser objeto de represalias, lo que nadie puede garantizar. Querer que otros nos saquen las castañas del fuego a su propio riesgo es muy humano pero no muy noble, al tiempo que no nos asegura nada: por ser Occidente, pero sobre todo por ser Al Andalus, estamos en su punto de mira.

Puestos a hacer algo, la opción es bien simple: colaborar con nuestros aliados, en una medida que no sea ridícula. De momento lo que se hace es desde el aire y enviar algunos aviones está dentro de nuestras posibilidades, por más que no sea suficiente para derrotar terroristas. Lo que Obama señaló como objetivo cuando inició la campaña fue «degradar» las fuerzas del EI. Lo ha hecho con tal número de limitaciones y precauciones que ha dejado todavía mucho por hacer. Ha frenado la expansión e incluso iniciado un retroceso. El sarpullido de ataques en Europa occidental –Mali es de Al Qaida–, del que sólo los de París del 13-N le han salido bien en dos tercios, puesto que el del estadio se frustró, puede ser una respuesta a las dificultados con las que se topan en su territorio. Son también un banderín de enganche y una apelación a la yihad global. Podemos azuzarla con nuestra respuesta, pero no vamos a detenerlos cruzándonos de brazos. Podría evolucionar hacia lo que ha pasado últimamente en Israel: una intifada acéfala y amorfa, espontánea y con cuchillos de cocina. La «quinta columna» la tenemos dentro.