Sin plumas y cacareando

La Razón
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No se vino a toda prisa a Madrid porque tuviera miedo, como sugieren los malvados, sino para dejarle a Rabell –alias José Luis Franco– el desairado papel de salir al escenario a explicar a la concurrencia que han sacado menos votos y menos escaños unidos a ICV y EUiA, de los que sus socios tenían en el antiguo Parlament. Por eso y porque la clave ahora son las generales del 13 de diciembre y no ayuda a Pablo Iglesias que los electores de Madrid, Andalucía, Extremadura o las dos Castillas lo vean muy integrado en el aquelarre independentista.

Cambiar de nombre a las cosas no modifica su naturaleza y aunque los dirigentes de Podemos no hayan hecho profesión de fe pública de independentismo y se parapeten en el mal llamado «derecho a decidir», es evidente que están por la ruptura de España. No se puede decir lo mismo de su parroquia y la incógnita ahora es si los pobres resultados del tándem Iglesias–Rabell en Cataluña son un reflejo de lo que le espera a Podemos a finales de año en toda España. Rabell ha sido un candidato flojo, con olor a antiguo y tono de fábrica. Cuando lo eligieron, Errejón, Iglesias y compañía estaban convencidos de iba a funcionar al estilo Carmena o Colau, pero la han pifiado.

Primero, porque el rojerío se ha tirado en brazos del independentismo y tenía opciones más marchosas que Cataluña Sí se Puede.

Segundo, porque el clima ha cambiado. Ya no hay ese sordo cabreo de hace un año, cuando las encuestas situaban a Podemos como primera fuerza política.

Tercero y último, ya no todo son abrazos, besos y homenajes en los medios de comunicación y eso se nota. En cualquier caso, no se fíen: aunque Pablo Iglesias se haya dejado las plumas en Cataluña va a seguir cacareando.