Tiro en el pie

E s el resultado de una voluntad irresponsable de autodestrucción, de una serie de maniobras suicidas que sólo pueden conducir a un deterioro grave en la protección de nuestros derechos y la salvaguarda de nuestras libertades. Y, desde luego, de una ingenuidad, un buenismo y una falta de patriotismo que están pagando aquellos a los que se lanza contra la valla.

Digamos las cosas como son. La Guardia Civil está perdiendo en esta historia. No digamos los compatriotas de Ceuta y Melilla. Qué subrayar de las víctimas de las mafias a las que se induce a que se estrellen en el asalto («o España o la muerte»). Sólo hay una parte que está ganando en esta histórica crisis: los cabecillas de las redes de tráfico de personas que están haciendo su febrero y van a hacer su marzo a costa de la desesperación y pobreza de decenas de miles de almas errantes.

Las acciones tienen consecuencias. Las políticas también. Las buenas funcionan. Las que nacen del populismo o la ignorancia, por no decir del analfabetismo, no. Y desde el PSOE a la extrema izquierda se ha abonado el terreno para crear un peligroso efecto llamada. Con declaraciones infundadas, con mentiras y medias verdades, con toneladas de propaganda y con insidias barriobajeras que no han hecho sino minar la capacidad del Estado de Derecho para operar como tal.

La primera víctima en todo conflicto es la verdad. Lo ha sido en éste. Porque los únicos tiros que han acabado en un cuerpo no han sido los de los agentes contra ciudadanos africanos, sino los que parte de nuestras indoctas élites han disparado contra nuestros pies; los de una nación española en la que estos pobres diablos nunca han creído.