Tocamientos

Una expresión muy utilizada ahora en la vida política de nuestro país es la de si «toca» o «no toca». Es posible (no tengo estudios científicos al respecto) que empezara a popularizarla el presidente del Gobierno, del que es bien conocida su habilidad a la hora de manejar los tiempos. «Ahora no toca», solía decir de algún asunto. Lo contrario era más raro. La cosa les gustó a las jóvenes promesas que iban a cambiar España de arriba abajo (¿recuerdan?) y ahora todo se reduce a eso: que si le toca al PSOE porque nosotros (Ciudadanos) ya hemos movido ficha (otra expresión de la nueva política); que si le toca al PP hacer los deberes con sus correligionarios; que si ya no nos toca (Podemos), como ha quedado bien claro en las últimas elecciones.

La afición a los «tocamientos» indica una situación de fondo en la política española actual, y es que los responsables políticos ya no hablan del contenido de sus propuestas y sus programas, ni se esfuerza en convencer a los electores a partir de ellos, ni negocian esos mismos contenidos para llegar a acuerdos de gobierno. Lo importante ahora es la posición relativa en la que se sitúan en el escenario político, con un ojo puesto en la (supuesta) percepción que de ella tengan los electores-espectadores, y con el otro puesto en los movimientos de los demás actores políticos. A lo que se llega así es a la convocatoria de nuevas elecciones. Es casi obligado: lo único importante es comprobar cuál es la reacción de los espectadores y –aunque ya no se distinguen muy bien las dos cosas– satisfacer el narcisismo, un poco obsceno, de los protagonistas de la función.

Puesto así, todo esto resulta un poco injusto, porque el Partido Popular ha puesto mucho más contenido sobre la mesa, o sobre el escenario, que los demás partidos. Sin embargo, al empeñarse en disociar lo conseguido –que en realidad es mucho y muy importante– del argumento, el PP también ha contribuido al espectáculo. Lo más sorprendente sigue siendo, en cualquier caso, la facilidad con que los nuevos políticos han hecho suya esta inclinación –alguien dirá vicio– propios de gente muy veterana en política y cómo han aceptado sus resultados: además de los que ya hemos visto, el de provocar que todos los partidos pierdan apoyo electoral (ver 20-D o 2011). ¿Tocará en algún momento la democracia?

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