Todo o nada

El secretario general del PSOE es un viejo zorro de la política. Esto, ni sus más críticos, se lo pueden negar. Sabe que el «caso Bárcenas» es una bomba de relojería en las filas del PP y que representa un desgaste para el presidente del Gobierno. Rubalcaba no está dispuesto a dejar pasar su oportunidad para devolver al PSOE su protagonismo y rescatarlo de un ostracismo, que ya dura demasiado. Ha mordido carne y no piensa soltar su presa. Eso sí, se la juega a todo o nada.

Rubalcaba ha iniciado su particular partida de póker. Sabe que la moción de censura que ha anunciado no tiene ninguna posibilidad de prosperar. No tiene as en la manga. Eso no le importa. Como no le importó a Felipe González en 1980. No se trata de ganar la moción, se trata de que sirva para algo. Lo que le importa es recuperar el protagonismo perdido como líder de la oposición; volver a recuperar la confianza de miles de ciudadanos que estos años han dado la espalda al PSOE.

El anuncio ha recogido dos éxitos. El primero, ha cogido al PP con el paso cambiado. Pensaban que Rubalcaba iba de farol. No cayeron en que en el póker se puede ir de farol. En su primer movimiento, ha dejado la puerta entreabierta a Rajoy. Si acepta comparecer, no presentará la moción. Es un arma de doble filo. Deja la puerta entreabierta con la intención de que el presidente se pille los dedos. Voces en el PP claman por explicaciones claras y convincentes. El movimiento de Rubalcaba mete, sin duda, presión al presidente.

Su segundo éxito, dejar al resto de la oposición al pairo del PSOE. Algo que militantes, diputados, simpatizantes y votantes socialistas echaban en falta. Por decirlo en una palabra, Rubalcaba ha recuperado el liderazgo perdido. Liderazgo recuperado, incluso, en el grupo parlamentario que le ha aplaudido entusiasta después de meses de caras largas, amargas más bien, y desilusión colectiva.

El zarpazo del líder socialista ha evidenciado que el PP está sólo. Tiene la mayoría, más que absoluta, pero no tiene complicidades con nadie. En el Congreso todos le dan la espalda. Bárcenas es una losa demasiado grande. Nadie moverá un dedo por Rajoy. Pero tampoco por Rubalcaba. Los nacionalistas catalanes, con su propia cruz en forma de juicio del Palau, levantarán la bandera del derecho a decidir para desentenderse del conflicto. IU y UPyD van a lo suyo con el aire a favor de las encuestas. El PNV tampoco le reirá las gracias.

A partir de aquí empieza el riesgo. Hasta hoy, Rubalcaba ha marcado la pauta de la carrera. Sus adversarios están salvando los muebles pero, tarde o temprano, moverán pieza. No se lo pondrán fácil. Rubalcaba se la juega a todo o nada. Su sueño es tomar la iniciativa. Su pesadilla que su juego acabe como el de Hernández Mancha. O sea, todo o nada.