Rosetta Forner

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La Razón
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«Se busca gente para lavar dinero», si fuese el titular de un anuncio pocos serían los que se prestarían a hacer de «mulas de dinero». Empero, el gancho para atraer a desesperados, confiados, pardillos o sinvergüenzas, no es así de claro. La falta de dinero, de escrúpulos, o la estupidez de pensar «a mí eso no me va a pasar porque soy muy listo», crea combinaciones peligrosas. Al relativizarse la responsabilidad moral, ensalzarse el triunfo y la posesión de ciertos elementos vicarios del éxito social, es fácil engañar. En mucha gente, el sentido común está al pairo. Si nadie da duros a cuatro pesetas, ¿cómo va a ser posible que se ofrezcan trabajos bien remunerados a cambio de no se sabe qué? La desesperación es mala consejera. La falta de criterio, de pragmatismo, y el exceso de «wishful thinking» («pensamiento mágico»), que muchos libros de (mala) autoayuda fomentan, provoca una suerte de pasmo intelectual a raíz del cual una persona es capaz de creerse cualquier cosa. Vemos lo que queremos ver. La madurez psicológica y el sentido común son el factor decisivo, no el coeficiente intelectual. Siempre habrá gente aprovechada. El negocio, de blanquear dinero convirtiendo a incautos en delincuentes, se acabaría si tanto el dinero como el poder que conlleva, no fuesen más importantes que la integridad moral y la propia vida. Mientras haya tontos vivirán los listos.