Turistas por dos vías paralelas

La Razón
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La lista del Patrimonio de la Humanidad es una especie de gotha de las piedras viejas que sirve como eficacísimo elemento de propaganda turística. Ayer se celebraba el Día Internacional de los Monumentos y un repaso a los lugares de Andalucía incluidos en el directorio que auspicia UNESCO (organización, por otro lado, tan desprestigiada que ha llegado a estar presidida por Federico Mayor –Veleta– Zaragoza) confirma la añeja impresión de que la cultura discurre por un camino paralelo al que transita la industria. Y puede que esta constatación sea incluso saludable, porque permite a las autoridades desligar las políticas tendentes a absorber a las hordas que buscan sol y playa de las que buscan atraer a otro tipo de visitantes. El conjunto de la Alhambra, el Generalife y el Albaicín; el centro histórico de Córdoba; la Catedral, el Alcázar y el Archivo de Indias; el Parque Nacional de Doñana; las edificaciones renacentistas de Úbeda y Baeza; y los dólmenes de Antequera. Seis provincias representadas, todas excepto las dos en las que posiblemente tengan las economías más determinadas por el turismo: Almería y Cádiz. Más el detalle de que la cuota malagueña se sitúa en la muy interior villa de Antequera, a despecho de esa Costa del Sol que acaso sea el principal motor económico de la región. Se escuchan con frecuencia comentarios despectivos hacia lo que se denomina «el monocultivo del turismo» como única herramienta para alcanzar en esta desdichada tierra algo parecido a la prosperidad. Hay sin embargo pocos pedacitos del planeta en el que se concentren tantos atractivos potenciales para el forastero y resulta perentorio afanarse en explotar esta feraz fuente de riqueza. Pero aquí somos más aficionados al fatalismo, al lloriqueo y a esperar la limosna.