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Un asunto electoralista

Hace ahora un año el socialista Pedro Sánchez firmó el decreto ley que ponía en marcha la exhumación de Franco. La viceministra Carmen Calvo fue al Vaticano y dijo que todo estaba arreglado.

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Pero no contaba con la diplomacia vaticana que, aunque tiene toda la eternidad para contestar, respondió al día siguiente contradiciendo y desmarcándose del supuesto acuerdo.

Luego fue el silencio hasta que en junio el Tribunal Supremo ordenó la paralización de la exhumación por aquello de no lastimar los derechos de la familia Franco.

Pero no era solo la familia.

La Fundación Francisco Franco, la comunidad benedictina y la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos, habían presentado un recurso contra el decreto ley y el Alto Tribunal no tuvo más remedio que tomar medidas cautelares. Y con la Justicia, y sus tiempos procesales, –por si no era poco la Iglesia– hemos dado, amigo Sancho. Los más optimistas sitúan en octubre o noviembre la solución del traslado.

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Es decir, que podría ser en plena campaña electoral. Aquel traslado que Sánchez prometió «en muy breve espacio de tiempo» ya ha cumplido un año y puede demorarse aún más. Mejor para el presidente del Gobierno en funciones, que siempre podrá seguir utilizando este asunto a su conveniencia, y vender su decisión con las elecciones a la vista.

Quizá hubiera sido prudente que antes de anunciar una medida como esta se hubiera informado –incluso a través de la Abogacía del Estado– de todas las implicaciones que supondría su decisión.

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Quizá hubiera sido bueno no utilizar un asunto que levanta tantas ampollas de manera tan frívola y con declaraciones tan poco meditadas.

Quizá hubiera sido bueno consultar a la familia sobre esta importante y crucial decisión antes de lanzar la propuesta y pensar que los familiares de Franco podrían tener una opinión sobre dónde se procedería a volver a enterrar a su abuelo, en caso, obviamente de producirse la exhumación que no llega.

Quizá hubiera sido bueno pactar con todos los partidos políticos –o al menos intentarlo– una decisión de esta naturaleza... Pero todo en estos últimos y aciagos meses, parece huir del sentido común y de los intereses de Estado. Muchos saben –o al menos la mayoría– que el traslado de Franco no es un tema que preocupe a los españoles.

Ni siquiera el socorrido CIS lo señala en sus fantásticas previsiones. Pero todo es bueno para la campaña que, si Dios no lo remedia, se nos viene encima. Piensa Sánchez que Franco sigue siendo una baza que da votos. Pero hasta los favorables al traslado, que son muchos también, empiezan a estar hasta el gorro de que se utilicen estas cosas. Llevamos demasiadas campañas elctorales a cuestas.