Un partido de centro

La propuesta de Podemos se ha revelado lo que es, un mal chiste inasumible en sociedades desarrolladas y abiertas, además de un instrumento para la amenaza y la coacción. Así que Pedro Sánchez, parece que a pesar suyo, tiene que intentar volver la vista al centro y llegar a alguna clase de pacto con Ciudadanos. En una labor más que meritoria, Ciudadanos se enfrenta a un trabajo digno de Hércules: traer al socialismo español a los principios de la civilización y la cultura europeas.

De rebote, y con independencia de que Ciudadanos consiga o no objetivos tan ambiciosos, el Partido Popular se puede enfrentar a algo más práctico: el dilema de respaldar o no un posible pacto entre sus dos competidores. En este dilema, sin embargo, el PP se juega algo más que una posición táctica. Lo que está en juego es probablemente su situación en el tablero político y, en consecuencia, la propia naturaleza del Partido Popular.

Hay que tener en cuenta que aparte del asunto de la corrupción, que también tiene algo de síntoma, la actual situación del PP no es excepcional: los grandes partidos tradicionales están desbordados en muchos países por circunstancias nuevas, nuevos problemas y nuevas aspiraciones. El PP tiene la ventaja, por otro lado, de seguir representando a más de siete millones de españoles. La sola cifra, además de muchas otras cosas, indica que la posición natural del PP está en el centro del espacio político, no en la derecha pura y dura donde se le ha querido encajar por aquellos mismos que ahora se disponen a reclamar su apoyo o su abstención.

Lo lógico, por tanto, sería que el PP reelaborara una posición propia teniendo en cuenta esos dos factores: la fidelidad de una parte muy importante de su electorado de centro derecha, al que tiene la obligación de representar, y la novedad de las circunstancias de crisis general en las que nos encontramos. Todo eso debería llevar a articular una propuesta propia, reconocible e inteligible, que pusiera en valor todo lo que se ha hecho en estos cuatro años y sacara las consecuencias lógicas de las muchas reformas puestas en marcha. Esto es lo que proporcionaría seriedad a la actitud que finalmente el PP decidiera adoptar ante un posible acuerdo entre socialistas y Ciudadanos. Más allá del tacticismo, también ayudaría a aclarar las responsabilidades de los demás.