Un poco de educación

Me van a perdonar, y mis compañeros de la redacción también, porque la educación de la que escribo no tiene que ver con la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa). Verán, es que me deja perpleja el hecho de que sean los políticos los que decidan y marquen la educación que recibiremos los españoles. Es como si encargas a los 40 ladrones la seguridad de la Cueva de Ali Babá o le encomiendas a Caín un ensayo sobre las buenas relaciones entre hermanos.

¿No hay nadie más capacitado? El nivel de nuestra clase política no puede ser más bajo, rastrero, truculento y descarado. No hay día que no escuchemos que un político, de cualquier partido, se lo ha llevado de una manera u otra. Si no hubiera el nivel de corrupción coetáneo de nuestra clase política no existirían los recortes, ni las sucias campañas de recaudación emprendidas para expoliar a la clase media.

Veo al ministro de Hacienda indignarse porque le preguntan sobre su declaración de la renta o sobre el dinero negro que parece haber corrido a raudales en su partido, como si no fuera su ministerio el que pregunta, indaga, y en ocasiones, manipula y tergiversa información sobre los «españolitos» para ver de dónde les puede sacar algo, aunque no hayan defraudado al fisco. Creo que estamos en el primer país que anuncia la publicación de una lista de grandes defraudadores y tiene que enmendársela porque aparece copada de amigos y compañeros. La indignación la tenemos los ciudadanos, que nos toca pagar sus corruptelas. Y, encima, debemos soportar sus clases de educación y moralidad. ¡Venga ya! Un poco de educación, señores.