Una bala

La Razón
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En fútbol, sea cual fuere el resultado del partido de turno, siempre ganan los ausentes. James y Morata aparecen en el credo madridista ahora más que cuando estaban en la plantilla blanca. Marcharon para convertirse en indispensables. En Valdebebas no se discutía la clase del colombiano, pero se dudaba de su profesionalidad cuando la noche, alguna que otra, le confundía. Al canterano e internacional le traicionaba la ansiedad si empezaba de titular: quería meter el segundo gol antes que el primero. Su arrojo y entrega, indiscutibles. Deambulaban entre el fervor y la tibieza del aficionado, nada recalcitrante. Otro jugador elevado a los altares: Bale. Ha sufrido una veintena de lesiones, no ha jugado uno de cada tres partidos; el equipo se ha apañado muy bien sin él; cuando volvió a romperse la última vez, en otoño de 2017, más de uno se daba de bofetadas por no haberlo traspasado en verano. ¿Insustituible? Sobre la muchachada B en las alineaciones de Zidane, la mínima confianza que el entrenador depositó en el banquillo durante la Liga parece excesiva después del batacazo en la Copa del Rey. Pero resulta que los titulares han perdido la una y los reservas, la otra. Ése es el problema. Que ni unos ni otros ni mezclados. ¡A 19 puntos del Barça!, dato objetivo y estremecedor. Dos goles del Fuenlabrada (Segunda B), otros dos del Numancia (Segunda División) y dos más con efecto devastador del Leganés (Primera) en el Santiago Bernabéu. Casilla ha encajado media docena de tantos de equipos que, de menor a mayor, no llegan ni de coña al presupuesto del Real Madrid. Lo que quiere cobrar Cristiano Ronaldo, que sólo ha anotado seis en el campeonato liguero, dobla el presupuesto del verdugo del Sur.

Decíamos ayer –Fray Luis de León– que los jugadores del Atlético ya no dan la vida por Simeone; los del Madrid ni siquiera corren por Zidane. La pólvora mojada y queda una bala, la del París Saint Germain de Neymar, Mbappé y Cavani. Si sale el tiro por la culata, adiós Zizou.