Una economía resiliente

La Razón
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La resiliencia es la capacidad de recuperarse después de situaciones adversas. Es una palabra que viene de la ciencia de «resistencia de materiales»; cuando una estructura recibe un efecto deformador si es resiliente en un cierto tiempo vuelve a la situación anterior. La economía española ha demostrado tener esa propiedad. Aunque recibió el fuerte golpe de la crisis de 2008, gracias a las reformas que se han puesto en marcha –la laboral y financiera incluidas– se ha convertido en la economía que más crece dentro de los grandes países de la zona euro, el 3,2% del PIB en 2015.

Empresarios y trabajadores, familias y consumidores han demostrado que pueden recuperarse de los golpes del infortunio. Primero reduciendo los costes, salarios incluidos; por tanto aumentando la productividad. Segundo impulsando con esas medidas la exportación y, por último, recuperando el consumo interior. España creció por esa conjunción de un Gobierno eficaz en materia económica, devaluación interior, disminución del euro y reducción de los costes energéticos, entre otros.

En 2014, y sobre todo en 2015, parecía que se iniciaba un funcionamiento a velocidad de crucero, hasta que la tormenta política ha puesto en peligro una travesía que parecía segura y tenía el puerto claro. El PIB puede perder impulso; entre el 0,6% y el 1,2% si no hay un Gobierno estable y fiable para los inversores y los empresarios.

Un Gobierno estable y reformista crearía cerca de un millón de puestos de trabajo entre 2016 y 2017 fijando el desempleo por debajo del 17%. Pero si se quiebran las políticas reformistas y no se profundiza en ellas el escenario es seguir con el 20% de paro.

De ahí la responsabilidad de los diferentes grupos políticos. Si no hay acuerdo para construir un Gobierno razonable la economía se resentirá. Y no sólo la macroeconomía, también la micro de las empresas y familias.

Sin embargo, la población, gracias a su resiliencia, seguirá desarrollando su actividad. Si las administraciones públicas se alinean con políticas ortodoxas se crecerá al nivel de 2015, o quizás un poco menos. En caso contrario empresarios y trabajadores seguirán remando contra corriente aunque el temporal político no amaine. El resultado será menor y el esfuerzo mayor. Y es que la economía española está regada de héroes silenciosos, empresarios pequeños, medianos y grandes, directivos eficaces, trabajadores y muchos sindicalistas responsables cuya aportación se debe reconocer.

*Profesor del IESE