Política

Ver para creer

Andamos huérfanos de ejemplaridad. Así es imposible que los españoles se sientan concernidos por la apelación a un esfuerzo compartido. Cuando nos exprimen con impuestos y nos endurecen las condiciones de la jubilación, no basta con apelar al sacrificio necesario para salir de la crisis. La ciudadanía tiene la impresión de que siempre pagan los mismos y está incubando una desafección con la política que corroe la misma convivencia democrática. De ser nuestros representantes, a sufrirlos como una casta de intocables. Peligrosa transformación. Aún sangramos por la despedida del socialista Patxi López del Gobierno vasco blindando su pensión vitalicia, la de sus consejeros, la de todos los que le precedieron y sus equipos, así como las de las de «las viudas o viudos, huérfanas y huérfanos y padres y madres» de todos ellos, justificándola en la necesidad del «actual contexto social y económico». Como si el resto de los mortales no sufriéramos el «actual contexto social y económico». Por eso es fundamental que PP y PSOE empiecen a alcanzar acuerdos que adelgacen el peso de la política en la administración de la cosa pública. Si dar ejemplo es la única manera de influir en los demás (Albert Einstein), sólo viendo cómo ellos se ajustan también, los políticos, esquivaremos el descreimiento. Y no es tanto una cuestión de sueldos como de número. La propuesta de recortar una quinta parte de los 68.578 concejales que existen en España es positiva, pero insuficiente. Si de verdad hay voluntad de acuerdo, que el PSOE apoye la propuesta del PP para reducir a la mitad los 129 diputados de la Asamblea madrileña y juntos aprueben lo mismo para los 109 diputados de la Cámara andaluza: 15 millones de andaluces y madrileños pagan a 238 diputados; a los 16 millones de holandeses les basta con 150 diputados nacionales. Nos sobran políticos.