Vuelve para dar guerra

No lo dice este gacetillero. Lo afirma el Rey, para que se enteren sus aduladores de cabecera, para que dejen de frotarse las manos algunos engañabobos: «Vuelvo para dar guerra». Es lo que tienen los reinados largos, que aparecen los achaques propios de la edad y hay que parar. Hasta un caballo de carreras, si no se detiene a tiempo, se desboca. Pero no es por acaso que el Rey elige Bilbao para este primer alto en el camino, dentro de España, desde su operación. Lo adelanto: hoy vamos a ver en esa ciudad blindada por tierra, mar y aire, al Rey que queremos. Lo de Bilbao no es cualquier cosa, es punto de encuentro y de debate de la élite económica mundial. De primeros nombres de la política, la empresa y las instituciones. El Rey lo sabe y quiere estar allí. Pero no como un florero. Preocupado como está por tanta devastación desea escuchar, exponer su opinión, atar cabos; echar una mano, desde su experiencia y conocimiento de los temas que interesan a España. Como sucede casi siempre con buena parte de su labor, de las gestiones que hoy haga, de sus posibles logros, no nos enteraremos nunca. Pero este Rey continua siendo, por su capacidad de interlocución dentro y fuera de España, por su habilidad para obtener resultados, el mayor activo de nuestra democracia. Es así, les guste o no a los camaradas rojos y otros malévolos compadres. Y es bueno poner las cosas en su sitio. Pocas bromas con esto. Felizmente, parecería que el Rey se ha recuperado física y anímicamente. Mejor así. A la mayoría de los españoles nos gusta este Rey. Estamos con él. Y junto al Príncipe. Y más en tiempos ásperos como estos.