Corea del Norte y el peligroso rearme asiático

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Más allá de lo que pueda haber de balandronada en las exhibiciones misilísticas de Corea del Norte, lo cierto es que la confirmación de que una tiranía paranoica, como la que detenta el comunista Kim Jon Un, posee el arma nuclear y tiene los medios para lanzarla supone un terremoto estratégico para toda la región. La reacción lógica de quienes se ven más directamente amenazados, como son Japón y Corea del Sur, era aumentar sus capacidades de defensa, incrementando su poder de disuasión con nuevos y más eficaces armamentos. No es algo que se pueda reprochar a unos gobernantes que han visto cómo sobrevolaban su territorio los misiles de un enemigo declarado, por más que Washignton reafirme su decisión de mantener el paraguas nuclear sobre sus aliados. Pero ese mismo rearme acelerado, que ha supuesto, incluso, el mayor cambio histórico en la política exterior japonesa desde la Segunda Guerra Mundial, tiene necesariamente que preocupar a otros actores regionales, como China, Vietnam, Taiwán, Filipinas y Rusia, que mantienen entre sí diferencias sobre la soberanía de las aguas territoriales del Pacífico oriental, una de las zonas de mayor tráfico comercial del planeta. Si no queremos asistir a una nueva carrera de armamentos, siempre de consecuencias imprevisibles, es preciso que la comunidad internacional, comenzando por China, tome cartas en el asunto norcoreano.