El Rey, con todos los españoles

La Razón
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La Monarquía, y de manera especial la figura de Don Juan Carlos, ha sido la institución fundamental para asegurar los años más prósperos de España. Recordarlo nos ayudará a ahuyentar el desánimo y a propiciar la autoestima en un país que ha sabido superar momentos difíciles y que cuenta con el mejor capital que puede tener una sociedad: sus ciudadanos. A ellos se dirigió el Rey en un mensaje de Navidad de especial calado sin dejar a nadie fuera, con una vocación integradora ejemplar que es la que ha definido su mandato. Fue un discurso dirigido a los ciudadanos, a la España que trabaja y que lucha por prosperar con esfuerzo y dificultades y que desde hace años sufre «los efectos de una crisis económica y financiera de una duración y magnitud desconocidas en la historia reciente de la Unión Europea». Tuvo también palabras para las víctimas del terrorismo: «Sé que estáis pasando momentos difíciles (...) Hoy, como antes y como siempre, quiero compartir vuestro dolor con renovada solidaridad». Pero sus palabras habrían quedado en nada si no hubiera exigido «realismo para reconocer que la salud moral de una sociedad se define por el nivel del comportamiento ético de cada uno de sus ciudadanos, empezando por sus dirigentes». Es consciente del desánimo que ha causado la «falta de ejemplaridad pública» y cómo ésta ha afectado al prestigio de la política y de sus instituciones. El realismo que Don Juan Carlos exige para afrontar los problemas es el antídoto contra aquellos que quieren soluciones precipitadas cuando la respuesta debe venir de un «funcionamiento correcto del Estado de Derecho». Desde los cimientos de esta democracia y «como Rey de España», se comprometió a asumir «las exigencias de ejemplaridad y transparencia que hoy reclama la sociedad» y alentó a mantener el proyecto de un «país libre, justo y unido dentro de la diversidad» en el que caben todos. Pues bien, las reacciones al convincente y trascendente discurso del Rey sirvieron para trazar de nuevo la línea entre aquellos que se sitúan junto al Estado de Derecho y la concordia y aquellos otros que se alejan de la Ley y prefieren la confrontación. Que los partidos que representan a la inmensa mayoría de los españoles, populares y socialistas, se sintieran identificados con la España descrita por el Rey es un mensaje para quienes promueven la ruptura. Resultó decepcionante que los nacionalistas despacharan con ligereza el llamamiento de unidad y entendimiento del mensaje real. Artur Mas aseguró que Cataluña siempre ha apostado por la convivencia, pero también por su libertad, e insistió en la consulta ilegal. Hay una mano tendida en torno a un futuro posible y próspero para todos, con respeto a la democracia y a la Constitución, pero los separatistas la desprecian una y otra vez y contraen con ello una responsabilidad histórica.