Opinión

Financiación transparente

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El debate sobre el modelo de financiación autonómica centró la reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP. Mariano Rajoy explicó con claridad y firmeza que su posición es exactamente la misma que la que se acordó en la Conferencia de Presidentes de octubre del pasado año. Si como en otros procesos, y más en tiempos de estrecheces financieras, hay territorios muy pendientes y tensos por el desenlace de una negociación clave, Mariano Rajoy probó ayer de nuevo, como en otros asuntos, que no le confunden los debates ni las polémicas y que se atiene al plan sin improvisaciones ni precipitaciones. El presidente detalló que a finales de año se presentará la evaluación del modelo vigente, en diciembre se publicarán las balanzas fiscales y en marzo de 2014 se planteará una reforma tributaria que incluirá una bajada de impuestos para después abordar la financiación. Se trata de una hoja de ruta racional y conveniente que se adecua a los tiempos, a las coyunturas y al deber de transparencia que debe rodear desde el procedimiento hasta el propio modelo. En este punto, la publicación de las balanzas fiscales resulta especialmente acertada. Desde los ciudadanos a las administraciones deben conocer la realidad de lo que aporta y de lo que recibe cada comunidad. Esa información es clave para evaluar la situación de los territorios, facilitar la toma de decisiones y evitar distorsiones. Para que las balanzas sean eficaces y cumplan con su cometido deben ser también inobjetables y, por tanto, estrictas y sin ajustes en su realización. Se trata de que se conozca la verdad y de que la transparencia sea una cualidad que marque la diferencia.

Más allá del calendario especificado por el presidente del Gobierno, el consenso es prácticamente total en que el sistema de financiación actual no ha funcionado, que está descompensado y que no garantiza como debiera la solidaridad y la igualdad. El Gobierno socialista de entonces cometió el error de imponer un modelo sin el apoyo del principal partido de la oposición y de varias regiones, y de supeditarlo a la negociación con la Generalitat de Cataluña. En este punto, Rajoy fue ayer concluyente: «No tengo ningún pacto ni extraño ni no extraño con Cataluña, no es verdad, ni cambio ningún cromo». Aquel proceso fue un despropósito que el país ha pagado y que sigue pagando en lo político, lo económico y lo social. Es necesario aprender de los errores y de los aciertos del pasado y comprender que el objetivo sólo puede ser un modelo reconocible, perdurable y acordado por todas las comunidades, como ya se hizo con el Gobierno de José María Aznar. Por su parte, la sociedad española es lo bastante madura y seria como para comprender la situación y las necesidades de cada territorio, así como los deberes y esfuerzos que la solidaridad y la cohesión nacionales exigirán.