Opinión

La Cataluña real se hace oír

La Razón
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No puede afirmarse, a menos que se busque caer en el error, que el separatismo catalán haya ocultado al resto de los ciudadanos sus objetivos y los medios para llevarlos a término. Uno de estos últimos, la creación del llamado «espacio catalán de comunicación», figura claramente descrito en la documentación oficial de la Generalitat con el argumento de que el establecimiento de un «mercado mediático» (sic) es parte de la construcción nacional del país y, por lo tanto, necesitado de unas políticas públicas. A partir de este planteamiento, y bajo la excusa, absolutamente razonable, de fomentar el uso del catalán, los distintos gobiernos autónomos que se han sucedido en Cataluña han contribuido a montar un asfixiante aparato de comunicación catalanista financiado directamente por los presupuestos y con subvenciones de distintas consejerías, diputaciones y ayuntamientos. De esta política clientelar se han venido beneficiando durante las últimas dos décadas más de trescientos medios de comunicación locales, tanto de la Prensa convencional como de Radio, Televisión e internet. Sin caer en injustas generalizaciones, la mayoría de estos medios se identifican ideológicamente con el nacionalismo. Por supuesto, las mismas políticas se han aplicado al resto del mundo de la cultura y del entramado social, hasta el punto de rechazar la creación catalana en castellano, de amplísima tradición y elevada calidad literaria, y están detrás de la proliferación de una miríada de asociaciones sociales y políticas soberanistas, jaleadas desde los medios públicos. Es preciso tener muy en cuenta las hondas implicaciones del escenario que sucintamente acabamos de describir para comprender la enorme presión ambiental a que ha sido sometida la sociedad catalana en los últimos tiempos y valorar, como se merece, la respuesta que esa misma sociedad está dando al delirio separatista impulsado desde la propia Generalitat. De ahí que haya que destacar iniciativas ciudadanas como la de Societat Civil Catalana, que preside Josep Ramón Bosch y que junto a notables representantes del mundo empresarial, académico y profesional de Cataluña viene llamando a la cordura al presidente que debiera serlo de todos los catalanes, no sólo de una parte, reclamando una rectificación que sólo puede traer beneficios para el conjunto de la nación. Cataluña es mucho más plural, más rica en matices políticos y más celosa de sus diferencias que esa caricatura de comunidad que intentan imponer los separatistas. De ahí la necesidad de que la resistencia cívica y ciudadana a la asfixiante presión nacionalista deba ser saludada, antes de nada, como una defensa de las libertades democráticas de todos los catalanes sin excepción.