La economía respira aliviada

Hay mensajes políticos... y mensajes económicos. Hasta ahora, en esta ceremonia de la confusión que han sido las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos para «formar» Gobierno, el juego de la política, de las medias verdades o de la malinterpretación de intenciones ha devenido en un chasco mayúsculo. Aventurado ya por algunos. Sin embargo, ahora estamos en un escenario de certezas. O de incertezas, según se mire. La economía ha comenzado a hablar. Y no dice cosas bonitas. A la caída en la venta de pisos, que se desplomó en junio el 18,9% respecto al mismo mes del año pasado, hasta las 46.527 transacciones, se ha unido la caída también en la venta de coches: hasta un 8,3% en el peor mes de junio de los últimos tres años. Buena culpa de todo ello la ha tenido la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, con sus frívolas declaraciones sobre el diésel o la contaminación. Unas palabras que han puesto en peligro miles de puestos de trabajo en toda España sin que se apliquen, por otro lado, ningún tipo de las medidas «ecológicas» que tanto ha anunciado. Asistimos, y se asemeja mucho, a las señales de una ralentización de la economía que este mismo PSOE no quiso apreciar en el pasado reciente. La última de las recomendaciones llegó ayer del Banco Central Europeo sobre el –nada asegurado– futuro de las pensiones tal y como las conocemos hoy en día. Frente a ello, el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, nos ha regalado otra jornada de discurso político, rehuyendo el cuerpo a cuerpo económico que le exigen los españoles. Se reunió con los sindicatos CC OO y UGT, que le han instado –como no podía ser de otra manera–, a negociar «cuanto antes» con Unidas Podemos, ante la necesidad de evitar la repetición de elecciones y para que se forme un Ejecutivo «progresista» (sic) en septiembre para abordar políticas sociales (más gasto), y derogar las reformas laborales. Más de lo mismo mientras se ralentiza nuestro crecimiento. El enésimo dato que Sánchez podría valorar es el de la producción industrial, que también retomó en junio la tendencia bajista de los últimos meses al registrar una caída interanual del 1,8%. Sánchez, con la vista puesta en unas elecciones en noviembre, sabe que en Bruselas no ven con buenos ojos acuerdos con una formación como Unidas Podemos, hermana del izquierdista Syriza que llevó a Grecia al desastre. Es consciente. De ahí su renuencia a firmar un pacto de Gobierno. A la vista está la subida sustancial de la Bolsa tras confirmarse la imposibilidad de llegar a un acuerdo de Gobierno. Un refuerzo positivo de los mercados a ese no pacto clave para el futuro del crecimiento de la economía española. Y todo cuando se oyen trompetas de guerra comercial entre Estados Unidos y China. Un pésimo escenario en el que la economía de la Unión Europea lleva las de perder por los dos lados. España incluida. Mientras, Sánchez continúa con su ceremonia de la confusión, sumando meses en el Gobierno pero atado de pies y manos en lo parlamentario, estos es, imposibilitado para llegar a construir una acción de gobierno. Las políticas de izquierdas, «progresistas», que le exigían ayer los sindicatos no tienen fecha. Y a buen seguro dormirán también el sueño de los justos, como otros anuncios de Pedro Sánchez. Él y su calendario electoral están en marcha. La mejor prueba son los ocho ministros «en funciones» que ayer, lejos de tomarse vacaciones en pleno agosto, seguían al pie del cañón en el Ministerio. Estamos en campaña y se nota. La desconfianza de la que tanto Sánchez como Iglesias han hecho gala es similar a la que en el mundo económico se observa a una entente entre socialistas y Podemos. Y lo sabe.