Los barones doblegan a Sánchez, que convierte al PSOE en la CUP

La Razón
La RazónLa Razón

En el intercambio de golpes que se vivió ayer en la reunión del Comité Federal del PSOE, el secretario general, Pedro Sánchez, no consiguió doblar el pulso a sus rivales ni siquiera apelando a un recurso que le acerca más a los usos y costumbres de los partidos asamblearios de izquierdas como la CUP que a la tradicional organización socialista. Porque esa apelación a que sean las bases del partido quienes, mediante consulta a todos los afiliados, avalen unos hipotéticos pactos de gobierno con Podemos y los nacionalistas no sólo puede provocar un conflicto interno de legitimidades entre los militantes y la dirección del PSOE sino que, en virtud de los resultados, dejaría prácticamente sin funciones al Comité Federal, que es, recordémoslo, el máximo organismo entre congresos y el que marca la política general del partido. La jugada de Pedro Sánchez, casi un golpe de mano, responde, por supuesto, al cambio de fechas para la celebración de las primarias y del Congreso –que se adelantan a mayo– y que ha sido impuesto a la actual dirección socialista por la voluntad mayoritaria de los barones, cada vez más procupados por la deriva de su secretario general, que pone en peligro el futuro del socialismo. Sánchez ha dejado a las claras su intención de buscar un pacto que le lleve a La Moncloa, incluso aunque haya que saltarse algunas de las líneas rojas que le ha marcado el Comité Federal, lo que ha provocado la lógica reacción de los barones. De lo contrario, no se entendería la apelación al voto de unos militantes a los que se supone en posiciones más radicales que a las distintas direcciones regionales. Así las cosas, a nadie se le oculta, pese a las buenas palabras, que se ha ahondado la brecha interna en el PSOE y que las espadas están en alto a la espera de un paso en falso de cualquiera de los contendientes. Esta situación acarrea, por supuesto, un problema añadido al que no es posible que sea ajeno el Comité Federal: con el tiempo tasado para las primarias y la celebración del Congreso, Pedro Sánchez ve debilitada su posición a la hora de negociar un acuerdo con Pablo Iglesias, quien ha demostrado por activa y por pasiva su escaso respeto por la actual dirección socialista y que, sin duda, plantearía una serie de cesiones al candidato socialista, suficientes para hipotecar su futura gestión al frente del Gobierno y, por lo tanto, inaceptables. La sola confianza de Sánchez en que el discurso demonizador contra el PP sea suficiente para reunir los apoyos que necesita puede no confirmarse, una vez que en Podemos se ha instalado la certeza de que en una repetición de las elecciones –a la que acudiría coaligado con Izquierda Unida– podrían superar en votos al PSOE, convirtiéndose en el partido de referencia de la izquierda española. Ante esta plausible perspectiva, no es de extrañar que Susana Díaz, la presidenta de la Junta andaluza y líder de la federación socialista con más peso específico dentro del partido haya subido el tono de sus intervenciones públicas con una clara advertencia a Pablo Iglesias para que se deje de injerencias en la política interna del PSOE y señalando que cualquier acuerdo que firme Pedro Sánchez deberá ser completamente transparente para que los militantes «sepan el contenido, la letra y la música de lo que van a votar». No menos se puede pedir ante la solicitación de quienes propugnan políticas populistas contrarias a la UE y no acaban de declarar su posición frente a quienes pretenden atentar contra la unidad de España.