Nada que temer de la mentira

La Razón
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María Dolores de Cospedal, secretaria general del Partido Popular y presidenta del Gobierno regional de Castilla–La Mancha, planteó ayer los términos exactos de la disyuntiva que presenta el llamado «caso Bárcenas» cuando instó a todos los españoles, pero especialmente a los votantes populares, a contraponer en la balanza los hechos, la historia y la trayectoria pública de su organización, frente a la palabra de un individuo encarcelado por presuntos delitos de corrupción. Fue una defensa apasionada del honor de los suyos, una reafirmación de los principios democráticos y de defensa del Estado de Derecho que siempre han inspirado al Partido Popular, pero, también, una denuncia clara del oportunismo de corto alcance de la oposición. Un mensaje para el conjunto de su formación, para los militantes y simpatizantes que pueden verse afectados por el desconcierto de una campaña inaudita que sólo busca el desgaste de su crédito político. No desdeñó María Dolores de Cospedal el alcance del problema, ni las consecuencias negativas para el futuro del país que puede acarrear esa actitud entre panfletaria y populista que se ha instalado entre algunos líderes políticos y mediáticos. Sabe –y lo denuncia– que una sociedad desesperanzada, sin ilusión, es presa fácil de los movimientos extremistas que detestan la democracia. De ahí que apelará a las generales de la ley; al hecho de que no se puede cuestionar constantemente la voluntad popular expresada en las urnas, y menos desde intereses bastardos. España tiene un Gobierno fuerte, legitimado por los votos de una mayoría absoluta, que garantiza la estabilidad del país. Un Gobierno, por otra parte, embarcado en uno de los mayores desafíos a los que se ha tenido que enfrentar España en su historia reciente y que está consiguiendo los primeros resultados positivos, como reflejan las cifras económicas que se van conociendo en los diversos sectores. «Estamos saliendo del túnel y no nos vamos a parar», advirtió María Dolores de Cospedal, remarcando lo que fue el eje de su intervención: que pese a las convulsiones y al clima de alarma social creado, al final prevalecerá la verdad de un partido que no tiene nada que ocultar y al que no se le puede extorsionar, porque el chantaje sólo es posible cuando hay comportamientos irregulares. La secretaria general quiso dejar ese extremo perfectamente aclarado. Que si bien fue un error confiar en el ex tesorero, de quien al principio nada se sospechaba, desde que fue expulsado del partido, ni pactó, ni acordó, ni negoció absolutamente nada con él. Transmitir de esta forma a sus compañeros, de los que había una amplia representación en la sede de LA RAZÓN, la confianza de que nada han de temer de la mentira.