Opinión

Otro fracaso de Mas

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La declaración separatista que CiU y ERC han pactado para llevar al Parlamento autonómico parece tener las horas contadas. Las voces críticas no se limitan ya al PP y al PSC, que consideran inaceptable la proposición de crear un Estado propio, sino que han saltado a otros grupos de la izquierda y, lo que es más importante, se ha acentuado la oposición de Duran Lleida. Conviene recordar que el líder de ERC, Oriol Junqueras, pidió la dimisión de Duran por el «caso Pallerols», lo que ha exacerbado la inquina política entre ambos dirigentes. Los comunistas y verdes de ICV, por su parte, también han calificado de inasumible el planteamiento de partida. Es decir, que a día de hoy el dúo Mas-Junqueras sólo tiene el respaldo de 71 diputados autonómicos, 15 menos de los que en septiembre pasado aprobaron una resolución parlamentaria para poner en marcha el proceso separatista mediante un referéndum; pérdida que confirma la extraña táctica de Artur Mas de avanzar retrocediendo, ya sea en votos, en escaños o en apoyos parlamentarios a sus propuestas. Parece evidente que CiU y ERC se han metido a las primeras de cambio en un callejón sin salida y que si quieren mantener viva su ficción separatista no les queda más remedio que rebajar el alcance de la declaración pactada y sumar así a los grupos disconformes. De ahí que Duran haya pedido «empezar de nuevo» las negociaciones. En todo caso, si suprimen la invocación al «Estado propio» supondrá una derrota muy relevante, otra más, del presidente de la Generalitat. Pero la clave no radica en lo que hagan o dejen de hacer en comandita Mas y Junqueras, sino en la decisión que tome el segundo partido en votos de Cataluña, el PSC, que dirige un inseguro Pere Navarro. El Comité Federal del PSOE celebrado este fin de semana en Madrid no ha traído, precisamente, tranquilidad ni claridad sobre el conflicto separatista en Cataluña. Las discrepancias entre Rubalcaba y Navarro son demasiado fuertes y de nada sirve lanzar cortinas de humo sobre las supuestas bondades del federalismo o sobre la reforma de la Constitución cuando lo que está en juego es si los socialistas van a apoyar o no el desafío separatista. Los españoles, sobre todo los que votan al PSOE, tienen derecho a saber si con su voto respaldan a un partido que en Cataluña no se opone a las veleidades independentistas y flirtea con las propuestas de CiU y ERC. Rubalcaba y Navarro tienen la obligación de responder claramente a esta cuestión porque afecta a la propia naturaleza del partido: si es español en todas partes o no lo es. Por lo demás, es evidente que si PP, PSC y Ciudadanos, que entre los tres suman 48 diputados autonómicos, mantienen una común actitud de firmeza frente a quienes tratan de separar a Cataluña del resto de España, fracasará el irresponsable proceso de Mas y Junqueras.