Otros cien días perdidos para los catalanes

Carles Puigdemont ha cumplido cien días al frente de la Generalitat de Cataluña. Llegó al cargo de rebote con una pátina de interinidad, después del tira y afloja entre Junts pel Sí y la CUP por el intento de Artur Mas de salvar su poltrona. En principio, su mandato tenía fecha de caducidad, pues se contemplaba un plazo de 18 meses para declarar la independencia y poner fin a la legislatura. Al menos, eso fue lo pactado con sus singulares aliados de la CUP. En estos tres meses, todo esto se ha matizado un tanto, porque la realidad de Cataluña y del desvarío secesionista es la que es. Aunque es verdad que el panorama en Cataluña está muy condicionado por el bloqueo en la política española, no lo es menos que los cien días de Puigdemont han supuesto más de lo mismo, con la agenda limitada a gestos rupturistas y el abandono de los problemas reales de la gente. Tanto es así que el presidente de la Generalitat tiene previsto dar a conocer su plan de gobierno el próximo martes, o lo que es igual, que se han perdido miserablemente otros tres meses de los 18 previstos en un territorio con muchísima gente en serias dificultades. Un despropósito que escandalizaría a cualquier gobernante responsable. Cataluña y sus ciudadanos requieren un giro de 180 grados en la acción de gobierno para volcarse en las urgencias de la calle y no en las obsesiones delirantes de los despachos.