Podemos se parece cada vez más a la «casta»

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Para Pablo Iglesias y sus jóvenes bolivarianos, todos aquellos políticos que no comulgaban con su visión dogmática de la vida eran despreciados como una casta parásita. Así, desde la soberbia de quien se cree en posesión de la verdad y, por supuesto, nunca ha tenido que gestionar nada público, Podemos se alzó como el más duro juez de los demás, exigiendo ejemplares castigos y la exclusión social de cualquier cargo que estuviera implicado en actuaciones sospechosas, por muy leves que fueran los indicios. Uno de estos «justicieros» es el actual alcalde de la localidad gaditana de Puerto Real, Antonio Romero, que, visto en la tesitura de tener que aplicar sus propios criterios, ha optado por acogerse al derecho a la presunción de inocencia que tanto ha negado para los demás. Pero lo cierto es que incluyó en la lista para las elecciones locales de Puerto Real a una mujer, Mónica González, hoy concejala de la Hacienda municipal, que estaba imputada en un grave caso de estafas a inmigrantes y un delito de asociación para delinquir. No se trata de prejuzgar la culpabilidad de la concejala, sino de reclamar al intansigente Antonio Romero que actúe con coherencia y se aplique el mismo rigor que reclamaba para los demás. Para esa imaginaria «casta» a la que Podemos se parece cada vez más.