Opinión

Renovación para el futuro

La Razón
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El anuncio de los presidentes autonómicos de Baleares, José Ramón Bauzá; Aragón, Luisa Fernanda Rudi, y Comunidad Valenciana, Alberto Fabra, de retirarse de la primera línea política y renunciar a la presidencia del partido en sus respectivas regiones responde inequívocamente a la convicción, instalada en la mayoría de los cuadros dirigentes populares, de que es imprescindible afrontar un amplio proceso de reforma y regeneración interna, que permita recuperar los apoyos perdidos, especialmente los de sus votantes y simpatizantes que, sin cambiar de sufragio, han decidido abstenerse en las dos últimas convocatorias electorales. Aunque es comprensible que, bajo el choque del severo correctivo sufrido, se tomen decisiones drásticas, el hecho de que se produzca un aluvión de marchas cuando apenas faltan seis meses para la convocatoria de las elecciones generales no se sabe cómo puede afectar a las expectativas del Partido Popular. En cualquier caso, favorece un proceso de renovación interna, que nadie duda que es imprescindible llevar a cabo. Pero en política, los tempos son importantes y los cambios en los órganos de dirección de los partidos deben llevarse a cabo con tranquilidad y, sobre todo, buscando la aquiescencia y el compromiso de los militantes con las personas llamadas a tomar el relevo. Es de esperar que así se haga, cumpliendo el calendario de los congresos previstos o, en su caso, convocando asambleas extraordinarias con el tiempo suficiente para analizar y discutir las mejores soluciones. Éste era, sin duda, el mensaje que el presidente del Gobierno pretendía transmitir al seno del partido y a sus barones cuando advirtió que se debía mantener la calma, estudiar a fondo los resultados electorales y plantear las medidas sin la urgencia del momento, consciente de que una renuncia general de los pesos pesados del partido ni servía para arreglar el grave tropiezo electoral, ni favorecería su posición ante el reto de las generales, transmitiendo a la opinión pública una imagen de desbandada y desánimo que, lógicamente, sería aprovechada por sus adversarios políticos puesto que, es imposible negarlo, abriría el debate sobre su propia candidatura. En este sentido es una buena decisión para los intereses del PP que los barones dimisionarios se mantengan en sus cargos internos hasta que se produzca el relevo de acuerdo a los estatutos y dentro de la normalidad institucional. Un calendario que nos lleva hasta después de las elecciones de noviembre, con independencia de que se vayan abordando las medidas renovadoras necesarias. Mariano Rajoy cree que puede disputar con garantías de victoria la próxima contienda electoral y confía en que los ciudadanos acabarán por percibir la recuperación y reconocer el trabajo bien hecho en la lucha contra la crisis. Para lo que necesita la unidad de todo el partido.