Soberbia populista en Valencia

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Las dificultades de toda índole, incluso metafísicas, con las que se está encontrando el PSOE para llegar a un acuerdo de gobierno en la Comunidad Valenciana con el frente de izquierda radical formado por Compromís y Podemos no sólo desnudan las ínfulas de un populismo que se cree el único acreedor de la legitimidad democrática, sino que deberían servir de aviso a navegantes ante un estilo de ejercicio del poder político, con ribetes de soberbia, que hará oídos sordos a la debida prudencia en la gestión pública que demanda la incipiente salida de la crisis económica en una de las regiones de España más golpeadas por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Ciertamente, el candidato socialista, Ximo Puig, no presenta un currículum político que llame al entusiasmo, una vez que ha conseguido empeorar unos resultados electorales que ya eran lo suficientemente malos –entre las elecciones autonómicas de 2011 y 2015 ha perdido casi 200.000 votos y 10 escaños–, pero ha sido el segundo candidato más votado en la comunidad y, gracias al fuerte descenso del PP –que es el que, pese a todo, ha ganado con claridad las elecciones del 24 de mayo– puede aspirar a gobernar la Generalitat. Ha dado Puig todo tipo de facilidades para un acuerdo con las fuerzas de izquierdas que, erróneamente, el PSOE considera «afines», y ha entregado el Ayuntamiento de la capital valenciana, la tercera ciudad de España por población, a Compromís, asumiendo que el candidato socialista había obtenido un pésimo cuarto puesto y no podía pretender la alcaldía. Pero se ha encontrado con la postura, rayana en el surrealismo, de la presidenta de Compromís, Mónica Oltra, para quien la aritmética electoral no cuenta en el espacio de la «nueva política» que representa su partido. Una «nueva política» que no admite más legitimidad de poder que la de ella misma, y que se ampara en la suma arbitraria de sus votos con los de Podemos para arrebatarle de facto al secretario general de los socialistas valencianos su segundo puesto. Y con una argumentación añadida que, como ha denunciado el propio Ximo Puig, roza el insulto. «Ni son el cambio, ni tienen credibilidad entre la izquierda», ha dicho Oltra para justificar la pretensión de que el PSPV le preste todos los apoyos –es decir, la Generalitat y todos los ayuntamientos en los que el voto socialista es determinante– sin ofrecer nada a cambio. Pero Puig tiene otra alternativa en un pacto con Ciudadanos, aunque eso le supondría tener que llegar a un acuerdo con el Partido Popular valenciano para que se abstenga en la Cámara, rompiendo así la absurda consigna del cordón sanitario impulsada por el secretario general socialista Pedro Sánchez. Eso, o entregar Valencia a Compromís, cuya interpretación de la «nueva política» tiene, por las trazas, mucho de antiguo.