Una democracia seria

La Razón
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El presidente del Gobierno lanzó ayer dos mensajes claros y contundentes relacionados con el «caso Bárcenas»: «Voy a cumplir mi mandato» y «El Estado de Derecho no se somete a chantaje». El primero va dirigido al líder del PSOE, que se ha entregado con intensidad a la creación de un frente político para forzar la dimisión de Rajoy. El destinatario del segundo es el ex tesorero encarcelado, quien ayer declaró durante varias horas ante el juez Pablo Ruz. Hay un tercer mensaje, no menos relevante, que va dirigido a quienes alimentan la existencia de una supuesta conspiración desde el poder para interferir en la Justicia. Frente a ellos, Rajoy fue preciso: las instituciones actúan y actuarán con independencia mientras él sea presidente. El hecho de que los diversos actores encargados de la investigación judicial (juez, policías, fiscales y técnicos tributarios) sean los mismos que con el Gobierno socialista revela la escrupulosa independencia con la que trabajan. Rajoy lo resumió en una frase impecable: «Ésta es una democracia seria». Seriedad y responsabilidad es, precisamente, de lo que no andan sobrados los dirigentes de la oposición, que se han lanzado a la yugular del presidente del Gobierno de la mano de Bárcenas. Rubalcaba y quienes le secundan deberían meditar con mesura si no están dañando la credibilidad ciudadana en las instituciones democráticas cuando le dan más fiabilidad a las mentiras de un chantajista que a la palabra de un presidente. Porque si alguna duda existía sobre la catadura moral del ex tesorero, ayer quedó totalmente descartada en su comparecencia judicial. Bárcenas no sólo confesó exactamente lo contrario de lo que había asegurado anteriormente, a saber: que no eran suyos los «papeles» que le atribuían, que no existía ninguna doble contabilidad, que era falsa la supuesta financiación irregular del PP y que jamás le había pagado sueldos opacos a Mariano Rajoy. Bárcenas es muy dueño de defenderse como le plazca para aminorar la condena judicial por delitos fiscales ya admitidos y por otros no menos graves que el juez investiga. Lo que no es de recibo es que su estrategia de calamar sea la médula argumental de la oposición política. Es la Justicia, de cuya independencia no se puede dudar, la encargada de establecer los límites penales del caso y sólo a partir de ahí será lícito entresacar las derivadas políticas pertinentes. España es una democracia solvente en la que sus instituciones básicas actúan de acuerdo a los preceptos de un Estado de Derecho, empezando por su poder Ejecutivo y su respeto escrupuloso a la independencia judicial. Un personaje turbio y desacreditado como Luis Bárcenas no puede zarandearla a su capricho, por más que se dé pábulo a sus intoxicaciones, se blaqueen sus chantajes y se le otorgue naturaleza política a sus mentiras.