El bipartidismo está muy vivo (mucho)

La Razón
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Algunos anunciaron allá por los años noventa «El fin de la Historia». Un libro de Francis Fukuyama que presagiaba que la lucha de ideologías había acabado en un mundo basado en una democracia liberal que se había impuesto tras el fin de la Guerra Fría. A algunos les gusta mucho el pensamiento apocalíptico. Ese «esto se ha acabado». En nuestro país, desde hace unos años, especialmente cierta izquierda, repite como un mantra que al «régimen del 78» se le acerca el final, y que el bipartidismo se apaga. Las recientes elecciones no pueden ser más reveladoras: Podemos, Vox y Ciudadanos, que habían llegado para «desplazar» a los grandes partidos, han cosechado fracasos y éxitos grises allí donde las formaciones tradicionales han logrado recomponerse tras los envites de los recién llegados. Ellos, que habían aparecido para acometer «una nueva forma de hacer política», para «asaltar los cielos», para «regenerar», se han visto obligados a poner pie a tierra y asumir que la realidad se impone y es tozuda. Han cometido errores de bulto similares a los partidos a los que buscaban desplazar. No han aprendido en cabeza ajena. Al final, los votantes apostarán por el original y dejarán de lado la copia. El bipartidismo vuelve con fuerza.