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Inútiles

Aquí hay tantas «competencias» políticas enfrentadas que al final siempre prevalece la incompetencia.

Si los colocados en una poltrona por su partido no cobraran sueldos sustanciosos ni tuvieran escandalosas ventajas, no venderían su conciencia por unos garbanzos. No: los políticos españoles no están mal pagados como dicen, poniendo el gritito en el cielo de los bien remunerados sin mirar hacia el suelo de la mayoría, que se arrastra para salir adelante en «estepaís» donde lo único que progresa adecuadamente son los impuestos y la miseria. Los políticos en España están pagados «deluxe». Hay almas de cántaro que nunca van a la fuente, quizás por eso aseguran que «Los políticos tienen que estar mejor pagados para que resistan la tentación de robar». Pues, mira por dónde, está comprobado que, cuanto mejor pagados están, más a lo grande roban. Cobran fenomenal, por eso no pían cuando quienes mandan en su partido les piden que vendan su alma. Deberían cobrar 1/5 de lo que perciben ahora. Así no tendrían miedo a perder privilegios, a no poder pagar el hipotecón (pues no lo habrían solicitado), y quizás actuarían éticamente –seamos optimistas–, y no saldarían su dignidad por un plato de quinoa, envilecidas cuentas «offshore», chalets horteras, lumis, coca y un chupetín de Redbull. Dicen que la desafección hacia los políticos es mala, «antipolítica», que «Es muy peligroso dejar de creer en la política»… Pero, cómo no vamos a perder la confianza en los políticos si ocasiones como esta –la tragedia de la Dana maldita– nos enseñan la cara sucia del poder, con sus rebabas de odio y enfrentamiento queriendo sacar rédito partidario de la muerte y la destrucción, echándose en cara los cadáveres todavía envueltos en el fango de la riada, aún sin recoger, tirados indignamente entre el barro mientras «la clase política» (incluidos sus señoros periodistos adláteres) manosean las lágrimas, el dolor, las pérdidas de quienes pusieron su vida, su hacienda y su suerte en unas manazas tan largas para unas cosas y tan cortitas cuando se trata de prevenir, reconstruir, consolar… Además, que aquí hay tantas «competencias» políticas enfrentadas que al final siempre prevalece la incompetencia.