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Sin Perdón

Papel y presencia de las mujeres en la Justicia

Debería existir un gran pacto de Estado, para que la Justicia quede totalmente al margen de la legítima lucha política y destinar recursos que permitan mejorar su funcionamiento, así como avanzar en la igualdad.

Este martes celebrábamos las II Reflexiones desde la Justicia dedicadas en esta ocasión a las «Mujeres protagonistas en el sistema judicial». Las fotos y la calidad de los asistentes muestran el éxito del encuentro. Las cuatro ponentes fueron juristas de gran prestigio como Consuelo Madrigal, fiscal de sala del Supremo y exfiscal general del Estado; Laura Díez, magistrada del Constitucional; Gema Espinosa, magistrada y vocal del CGPJ, y Victoria Ortega, expresidenta del Consejo General de la Abogacía Española. Había una serie de preguntas que no solo afectan a la judicatura, sino al conjunto del sistema judicial. La Justicia sufre un abandono endémico. A las chapuzas perpetradas por este Gobierno, es bueno definirlas de esta forma, se une que se destinan pocos recursos. La dilación en los procedimientos hasta llegar a extremos increíbles causa daños enormes a las empresas y los particulares. La Justicia no funciona con la celeridad que cabría esperar en un país que tiene mujeres y hombres muy preparados en las distintas profesiones jurídicas. Es cierto que la presencia de las mujeres ha avanzado mucho, pero es insuficiente porque, como se planteó en el encuentro celebrado en La Razón, sigue habiendo pocas mujeres en la cúpula de la carrera judicial y fiscal. La igualdad en este terreno no se conseguirá hasta el momento en que sea innecesario hablar o escribir sobre este tema. Ni siquiera hay que reivindicar una mirada femenina en la Administración de Justicia, sino una presencia que fortalezca la independencia, la eficacia y el rigor del sistema. No debería importar el género, sentido del voto en las elecciones o nada que no sea el deber de hacer que siempre triunfe el Estado de Derecho y, por tanto, la Justicia. La polarización política debería quedar siempre al margen, porque son dos ámbitos de actuación de la sociedad que no tienen nada que ver. Hay un ordenamiento legal y a las juezas y los jueces les compete garantizar el imperio de la ley, pero también a todos los operadores que actúan en los distintos ámbitos. Es un terreno en el que debería existir un gran pacto de Estado, para que la Justicia quede totalmente al margen de la legítima lucha política y destinar recursos que permitan mejorar su funcionamiento, así como avanzar en la igualdad.

Francisco Marhuenda. De la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España. Catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE)