Fútbol

Álvaro Morata: "Otra vez me he equivocado"

El futbolista español se ha abierto en Instagram para mostrar sus sentimientos tras las últimas críticas

Álvaro Morata rompe su silencio tras su reconciliación con Alice Campello: "Quiero estar toda mi vida con mi familia"
Álvaro Morata ha contado su frustraciónEuropa Press

El fútbol tiene una manera cruel de concentrar los peores momentos en el instante menos oportuno. A Álvaro Morata le está pasando eso. El delantero de 33 años vive en el Como una temporada que mezcla lesiones, sequía goleadora y, ahora, una expulsión que ha encendido todas las alarmas a su alrededor. La última imagen que dejó en el campo antes de que el árbitro le mostrara la segunda amarilla fue un cabezazo a Mandragora con el balón en la otra punta. No había provocación que justificara eso. Solo un jugador que perdió el hilo.

Álvaro Morata pierde el control

Fue ante la Fiorentina. El Como buscaba el empate cuando Morata y el centrocampista rival se enzarzaron en uno de esos duelos invisibles que el fútbol genera constantemente. En dos minutos, el español acumuló dos amonestaciones: la primera por protestar, la segunda por empujar. El equipo se quedó con diez hombres en el momento más comprometido del partido. La imagen lo decía todo.

Cesc Fàbregas, su entrenador, no esperó mucho para hablar. Su diagnóstico fue claro y no dejó demasiado margen a la interpretación. "La provocación forma parte del fútbol. Quien no pueda convivir con esta faceta del fútbol se tiene que dedicar a otra cosa. Se tiene que gestionar todo de otra manera porque la línea entre la victoria y la derrota es muy fina. No tenemos que responder a la provocación; forma parte del fútbol. Ellos estaban haciendo su partido, nosotros el nuestro. Se convierte todo en una coartada que no me gusta. Tú tienes que hacer el partido y lo que te diga el resto no tiene que influir", cerró el técnico catalán.

Pocas veces un entrenador señala tan directamente a uno de sus jugadores. Fàbregas esperaba más de Morata, y lo dijo sin rodeos. La reprimenda pública añade una capa de presión sobre un delantero que ya cargaba con demasiado peso encima.

Por debajo de lo esperado

Morata llegó al Como el pasado verano procedente del Galatasaray en calidad de cedido, con una opción de compra obligatoria al final de la temporada. Era una petición expresa del propio Fàbregas, que lo conoce bien y apostó por él. Le entregaron además el brazalete de capitán, una señal de confianza que en aquel momento parecía el punto de partida de algo distinto para el delantero madrileño.

Lo que ha llegado después no ha estado a la altura de esas expectativas. En 15 partidos con el Como, ocho de ellos como titular, Morata no ha marcado ningún gol. Solo dos asistencias. Una lesión en el aductor le borró del mapa durante ocho jornadas y, cuando ha vuelto, tampoco ha encontrado el camino hacia la portería. El peso de un delantero centro se mide, en última instancia, en goles, y esa columna sigue vacía.

Las consecuencias se extienden más allá del club. Su bajo rendimiento lo ha dejado fuera de las últimas convocatorias de la selección española, lo que complica seriamente sus opciones de estar en la lista para el próximo Mundial. Con 33 años y sin minutos de calidad, el tiempo empieza a jugar en su contra.

Los lamentos de Morata

Morata rompió el silencio través de su Instagram, sin declaraciones a medios, sin intermediarios. Solo él y sus palabras. "Otra vez me he equivocado. Otra vez he rozado ese ruido constante en el que todo vale, donde opinar parece más importante que pensar y hablar pesa menos que el eco que genera. A seguir, trabajar y pelear como siempre he hecho."

Hay algo en esa reflexión que va más allá de la disculpa deportiva. Morata no habla solo de la expulsión, sino de un patrón que él mismo reconoce. Esa honestidad brutal consigo mismo es, paradójicamente, uno de los rasgos que siempre le ha definido. Pocos futbolistas de su nivel son capaces de mirarse al espejo con esa crudeza.