Opinión

Friedrich Von Hayek

Compartió el Premio Nobel de Economía del año 1974 con el economista sueco Karl Gunnar Myrdal por sus trabajos en el campo de la teoría monetaria y las fluctuaciones económica, así como los análisis sobre la interdependencia de la economía, la sociedad y las instituciones. La obra filosófica de Von Hayek fue fundamental en el terreno y orden intelectual epistemológico, es decir, en la teoría del conocimiento, centrada esencialmente en el problema de la limitación del conocimiento humano y la cuestión de la razón constreñida de diversos modos, en lo que es más que imprescindible profundizar, porque la limitación del conocimiento es mucho más aguda cuando se intenta examinar y predecir el funcionamiento de una sociedad extensa. La teoría del conocimiento en Hayek conduce a una defensa del conservadurismo institucional y moral contra los reformadores racionalistas y del libre mercado, pero en especial contra los intervencionistas económicos, que interfieren ineficazmente con información económica dentro de la sociedad.

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Nacido en Viena en 1899, se convirtió Von Hayek en uno de los más destacados economistas del «período de entreguerras» y fue portaestandarte de la Escuela Austríaca de Teoría Económica. Discípulo de Carl Menger, Friedrich von Wieser y Ludwig Von Mises, en 1931 su carrera cambió de un modo radical. El economista Lionel Robbins pronunció una conferencia en la London School of Economics. Se quedó en el prestigioso centro como profesor, se hizo ciudadano británico y permaneció en el Reino Unido hasta su muerte.

En 1952 se desplazó a la Universidad de Chicago y, en 1961, a la de Friburgo. En Gran Bretaña su influencia política alcanzó máximas cotas, en especial con la primera ministra Margaret Thatcher, en los años 1979-1990, que con frecuencia citaba su nombre y sus ideas. Pues, en efecto, su pensamiento cristalizó como una respuesta llena de sentido a los cataclismos políticos de su siglo, es decir, como una actitud de contención a las guerras mundiales, a los regímenes totalitarios en Europa central y oriental, que percibió como males de mucho calado y de origen semejante representado en el «estalinismo» y el «nazismo»; también las formas del socialismo, de izquierda y de derecha. Desde la Segunda Guerra Mundial Von Hayek inició una cruzada teórica contra el socialismo y el colectivismo, lo que le convirtió en figura impopular en muchos sectores.

El tiempo transcurría y cuanto más lo hacía más se mostraba la ineficacia del sistema keinesiano y las enseñanzas del profesor Hayek atrajeron el interés. Esta fue la atención de la Academia sueca en 1974; no era posible dejar pasar un año más y se le otorgó el Premio Nobel, compartido con un economista sueco, por su defensa filosófica del capitalismo liberal. Pocos años después, en 1989, el colapso del socialismo en el modelo soviético, le concedió el título espontáneo de «profeta», tras cincuenta años de ininterrumpida insistencia teórica científica.

Hayek, en definitiva, ha publicado tres trabajos mayores en los que desarrolla los postulados de su teoría. El primero y más controvertido, «Camino de servidumbre» (1944), muy celebrado por Keynes y al que Schumpeter le granjeó una fuerte hostilidad. El segundo, «Los fundamentos de libertad» (1960), que muchos consideran como su obra magna, en disputa con el tercero, «Ley, Legislación y Libertad» (1982). Ante esto, al menos, parece oportuno preguntar qué concepto cabe establecer sobre Hayek. El parecer historiográfico es que se trata de un filósofo político que hace aportaciones importantes que no deben ignorarse a las ciencias sociales para comprender la relación existente entre individuo y sociedad; en las ciencias sociales, de orden ontológico; en la esfera política, el problema para Hayek radica en conciliar el orden social con la protección de la libertad individual, ya que la preocupación por la libertad se manifiesta a flor de piel en sus trabajos mayores, según lo expone en «Law, Legislation and Liberty», donde su teoría recibe la formulación más completa: el orden espontáneo depende de los beneficios de la libertad, lo cual se manifiesta con nítida claridad en la estructura relacional económica, de modo que el «mercado» se considera fundamental para el progreso político y las ideas políticas.

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