Servidumbre y grandeza

Si algo ha descubierto la opinión pública con todo esto de Cataluña ha sido la insultante diferencia de sueldos existente entre los componentes de los Mossos y los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado

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No es fácil encontrar algo positivo en todo el enredo al que nos ha llevado el loco desenfreno nacionalista de una parte de la ciudadanía catalana. Ya me conformaría con que todo su coste se ciñese a los mil millones de euros que evalúa un ministro serio como es De Guindos.

Y si algo ha descubierto la opinión pública ha sido la insultante diferencia de sueldos existente entre los componentes de los Mossos y los miembros de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. La situación ha sido bien recogida y documentada por los medios –LA RAZÓN se ha comprometido seriamente– y en consecuencia, algo a rastras, por nuestra clase política. El Ministerio del Interior como último responsable del mantenimiento de esta situación y canalizador en un próximo futuro de las justas reivindicaciones, se ha comprometido seriamente tanto con los sindicatos de la Policía Nacional como con las asociaciones de la Guardia Civil a resolver esta situación de agravio comparativo. Yo añadiría que se ha comprometido con toda la sociedad que, tras lo visto y vivido en Cataluña, altamente valoradas como tiene a sus Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, lo reclama en justicia.

Bien sé que el Ministerio no lo tiene fácil, porque los fondos públicos los administra otro departamento, porque los Presupuestos Generales del Estado para 2018 están sujetos a difíciles pactos, porque aún no hemos superado definitivamente la crisis y consecuentemente aparecen prioridades sociales que no se pueden abandonar.

Se ha llegado a esta situación, en mi opinión, por dos razones:

- Por un lado la crisis económica representó un enorme sacrificio para los servidores públicos y en general para toda la clase asalariada. Y visto aun hoy por quienes no alcanzan siquiera la condición de mileuristas, debemos reconocer cierta justificación. Pero de la crisis estamos saliendo con buena nota.

- El segundo eje lo forma el constante drenaje a las arcas del Estado de los partidos nacionalistas con representación nacional. Durante cerca de cuarenta años, tras cada período de elecciones generales han sabido vender caros sus contados votos a fin de dar suficiente mayoría a una formación permitiéndole gobernar con cierta estabilidad.

Y este drenaje, ha proporcionado a unos partidos anclados en su comunidad autónoma –que en Alemania no tendrían representación nacional– todo lo que han pedido, aun sabiendo que era a costa de otros. Bucear en el Pacto del Majestic (28 abril de 1996) y en los anteriores y sucesivos acuerdos de PSOE y PP con CiU o con el PSC, dan la clave de cómo se ha llegado a la situación actual que, aun hoy, se presenta incierta.

Resulta que los que denunciaban un «España nos roba» sacaban partido de cada negociación en beneficio propio y consecuentemente a costa de otros, que es una forma diplomática de decir que los que nos robaban eran ellos. Siempre me acordaré, como testigo directo, de las palabras pronunciadas en Barcelona por un valiente Rodríguez Ibarra, Presidente de la Junta de Extremadura: «Tener dos lenguas no significa tener dos bocas».

Quiero pensar que las medidas previstas con Policías y Guardias Civiles se deberán extender a otros uniformados, los de las Fuerzas Armadas, otro de los colectivos castigados por la crisis. Sé que el Ministerio de Defensa lo estudia seriamente.

Sentadas las bases de esta justa equiparación, debo añadir dos reflexiones. La primera muy relacionada con lo que hemos comprobado sobre el terreno en Cataluña: las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deben recuperar por mucho que se haya cedido, prevalencias sobre los cuerpos de las comunidades autónomas. Si hablan de coordinación pensaré en positivo; si hablan de cooperación pensaré igual. Pero en la duda sobre prioridad competencial siempre defenderé la superior general del Estado, sobre la particular de cada comunidad autónoma, por histórica que sea.

Segunda. A falta de sueldos y gratificaciones, la crisis propició la concesión de mayores tiempos de descanso. Con menor dedicación, se pierden rendimientos y nos jugamos una joya esencial en nuestras vidas llamada seguridad. Conozco casos de mandos intermedios que han tenido que actuar prácticamente solos ante el cúmulo de bajas «legales» entre sus efectivos. Por supuesto impera aún un fuerte sentido de la responsabilidad entre muchos componentes de las fuerzas policiales. La prueba acaba de darla toda una Comandancia de la Guardia Civil y la propia Unidad Central Operativa del Cuerpo en Galicia. ¡Cuántas horas –días y noches– han dedicado muchos Guardias a descifrar, a relacionar, a atar cabos, a superar decepciones, a no dar por perdida una batalla! Este ejemplo, compatible con sus reivindicaciones, debe presidir las negociaciones en el Ministerio del Interior. Porque si quieren asegurar el respeto y afecto de su sociedad, deben ser conscientes de que en la balanza de deberes y derechos, los primeros deben siempre pesar más que los segundos.

¡Es su servidumbre, pero también su grandeza!