Libros

Gay Talese: «El buen periodismo a veces avergüenza, pero hay que decir la verdad y no parar»

Llega a España «Los hijos», un libro del maestro de periodistas sobre su propia experiencia vital

Escribe sobre su familia. Sobre su padre. De una manera que sólo alguien que no formase parte de la familia lo hubiese hecho. En cambio, el maestro del periodismo se sale de sí mismo para meterse en su familia. Como siempre, lleva un traje. Gay Talese (Nueva Jersey, 1932) pide a la persona de Alfaguara que ha concertado esta entrevista que deje buena propina al pagar los cafés del encuentro. La editorial publica en España «Los hijos», un libro que se editó en Estados Unidos en 1992. «Es por si queremos volver», le dice Talese en voz baja. Sin duda, él volverá. Le gusta el lugar donde nos encontramos: el Hotel Pierre, de la Quinta Avenida, donde atiende a los periodistas. Sigue la vieja costumbre de Nueva York de quedar con la gente en los hoteles. En la recepción no hay ningún problema. Ya le conocen. Va siempre vestido de forma impecable. Su padre era sastre. Habla despacio. Sonríe. Está un poco contrariado porque hubiese preferido que el encuentro se celebrase en el «lobby». Pero está ocupado por un acto privado. Estamos en la cafetería, donde hay un poco de ruido. Aun así, la entrevista le sale muy bien, porque es él el que la ha conducido desde el principio.

–En este libro escribe sobre su familia sin reservas.

–La gente no escribe de esas cosas porque no quiere ofender, avergonzar a las suyas. Los novelistas normalmente se avergüenzan. Cambian los nombres de los personajes. Hay un excelente escritor, Philip Roth, que escribe sobre su vida privada. Tolstoi también. Pero lo hacen en novelas, en obras de teatro. Yo quería hacer periodismo con las vidas privadas, reporterismo sobre mi familia.

–¿Por qué le gusta escribir sobre las historias que pasan desapercibidas?

–Porque creo que tienen una historia que contar. Como periodista y ya ciudadano mayor con conciencia, escribí con un punto de vista diferente. El de alguien de fuera.

–Usted es famoso por realizar un gran proceso de investigación. ¿Cómo sabe cuándo debe terminar?

–Es difícil saberlo. Me lleva mucho tiempo. Tengo todas las preguntas que hago, todas las respuestas a esas preguntas... Cuando se tiene la sensación de que el tanque está lleno se empieza a escribir. Hay mucha deliberación con uno mismo y muchas dudas al principio, aunque llega un momento en el que uno piensa: «Creo que tengo suficiente material para hacer un trabajo honrado».

–Hay ocasiones en las que el entrevistado no colabora.

–Sí, me ha pasado muchas veces. En algunos casos con mis artículos más famosos. Ha habido algunos en los que la gente no ha querido hablar conmigo. Por ejemplo, con el artículo de Frank Sinatra. Cuando me ocurre eso, lo intento con otros. Cuando escribí sobre la familia Bonanno me llevó seis años. Entonces, lo que quería era conseguir su confianza. Necesitaba que me hablasen de ellos mismos. Es una sociedad secreta. Para la historia en la que estoy trabajando ahora, que espero terminar este verano, he esperado 35 años. Vi a este hombre en 1980. Me dejó escribir sobre él en 2013. Es un «voyeur»: mira en secreto a la gente. Quería escribir sobre un hombre que vigila a las personas sin que se den cuenta. ¿Qué ve? Estoy muy interesado en la privacidad. También, estoy escribiendo un libro sobre la privacidad en mi propio matrimonio. Escribí «Los hijos», que es sobre mi niñez. También otro sobre el crimen organizado, sobre criminales italianos. Éste es sobre italianos que no son criminales. Pero no hay mucha diferencia entre los dos. Son gemelos. Todos mis libros están relacionados. Empecé un libro antes en el que dejé de ser periodista. Escribí, como ya he dicho antes, sobre la Mafia. También sobre sexo. Pecado. Me convertí en un personaje en ese libro. Me descubrí a mí mismo. Y ahora estoy trabajando sobre mi matrimonio. Por eso, pienso que nunca termino una historia.

–Fue un escándalo. Se acostó con la mujer del vecino.

–¿Qué escándalo? No, yo fui el escándalo, por la traición. Fui el traidor. Escribieron muy malas críticas. Pero no me importó demasiado. Pero, por ejemplo, cuando tenía que escribir sobre masajes, primero era un cliente. Luego, cuando me puse a investigar, me convertí en encargado del lugar. ¿Por qué? Porque quería escribir un artículo desde dentro. Igual que cuando escribí sobre la Mafia. Cuando escribo sobre sexo y pornografía soy pornográfico y quiero escribir desde dentro. Hay que hacerlo así.

–Pero, su mujer se enfadó.

–Sí, de acuerdo, es verdad. Se enfadó.

–¿Cómo lo hará ahora?

–Tengo un archivo. Hemos estado casados durante 55 años. Los reporteros escriben sobre la vida pública, no sobre la vida interior. Los «affaires» románticos. Los hijos ilegítimos. Todo eso. No tienen acceso real. Hay un momento en el que el escándalo se convierte en público. Ahí se acaba. El asunto Lewinsky. El escándalo del ex gobernador de Nueva York Eliot Spitzer cuando fue pillado con una prostituta. El buen periodismo sale cuando se hace un trabajo honrado de verdad. A veces da vergüenza. Hay que decir la verdad. Llamar por teléfono a los jueces. Preguntar. No parar.

–¿Se considera un valiente por escribir un libro así en un mundo en el que imperan los aparatos electrónicos?

–Me encanta. Estoy muy agradecido a la editorial española. Mire el grosor del libro. ¿Quién lo va a leer? ¿Unas 18 personas? Bueno, espero que no. Espero que más.

–¿Es verdad que solamente escribe una página al día?

–A veces menos. Otras no sabes qué escribir. Y algunas cuando lo escribes, no te gusta. Lo escribes una y otra vez. A veces no puedes terminar una página. La redactas 40 veces. Y no es bueno. Entonces, vuelves al día siguiente. Te pones otra vez a escribir. Y, cuando ya no puedes hacerlo mejor, vas a la siguiente. Es muy difícil crear la imagen en la mente de lo que se quiere decir. Durante un tiempo, es muy nubloso todo. A veces ni siquiera sabes qué quieres contar.

–¿También es perseverante a la hora de preguntar?

–Si haces diez veces la misma pregunta a alguien siempre te va a contestar de manera diferente. Los seres humanos somos así. Recuerdo con los boxeadores. Les preguntaba: «¿Cómo es que te dejen K.O.?». A veces me decían: «Bueno, es como ver las estrellas». Yo le volvía a preguntar: «¿Qué estrellas?». Luego, me contaban que cuando te caes al suelo no ves mucho y, al rato, ves a la gente mirándote. Entonces les gustas. De nuevo, le pedía: «Explícamelo otra vez». Y al día siguiente vuelves a hacerlo. Y te dan un poco más. Podía plantear la misma pregunta seis o siete veces. Eso es periodismo. Puede que no lo consigas a la primera. Pero, tienes que preguntar una y otra vez hasta que consigues una buena declaración.