El Papa cuenta con el cardenal Martínez Sistach para articular su relevo en Barcelona

Lluis Martinez Sistach
Lluis Martinez Sistach

Una vez el Papa Francisco descartó una visita a España con motivo del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, su acción concreta en nuestro país se centra en el relevo episcopal en Barcelona, donde el cardenal arzobispo, Lluís Martínez Sistach, cumplirá, el próximo mes de abril, 78 años. Hay que recordar que el prelado catalán presentó su renuncia al Papa hace tres años, con 75 años, tal y como exige del Código de Derecho Canónico.

Tal y como se ha puesto de manifiesto en sus últimos encuentros, Sistach y Francisco mantienen buena sintonía, lo que ha hecho que el Pontífice haya respetado los plazos para pasar a ser arzobispo emérito. Así, el purpurado reconocía en una entrevista en septiembre de 2014: «Mientras haya vida, hay que trabajar. Y el Papa me ha dicho que continúe. Además, estamos haciendo un trabajo muy bonito».

En este contexto, desde diversos círculos eclesiales se barajarán varios nombres para suplir a Sistach al frente de la Iglesia en Barcelona. Juan José Omella, hoy obispo de La Calzada-Logroño, es uno de ellos. Sencillo, cercano y con un carácter social, al estilo del Papa, que le hizo miembro de la Congregación de los Obispos, ha sido hasta hace poco el obispo responsable de Manos Unidas. En contra tiene que no cuenta con el beneplácito de los sectores más catalanistas de la Iglesia.

Otro de los nombres que ha salido a la palestra es el de Joan Enric Vivas, arzobispo de Urgell y copríncipe de Andorra. A su favor tiene el gran conocimiento de la región y su gente. No hay que olvidar al ahora obispo auxiliar, Sebastià Taltavull, también con opciones.

Además de Barcelona, el Papa tendrá que ir preparando otros nombramientos episcopales: Santander, Lérida, Ciudad Real, Vitoria, Burgos y Jaén, así como la más que probable salida de los auxiliares de Madrid. A nivel más general, Francisco estará presente en el plan pastoral de la Conferencia Episcopal, que tiene su base en la exhortación apostólica «Evangelii gaudium», a la espera de quitarnos esta espina de una visita de Francisco, que sería a partir de 2016.