El Papa elige al italiano Pietro Parolin secretario de Estado

El italiano Pietro Parolin tiene 58 años
El italiano Pietro Parolin tiene 58 años

Como ha adelantado hoy LA RAZÓN, el Papa Francisco ha nombrado al actual nuncio de Venezuela, el italiano Pietro Parolin, como nuevo Secretario de Estado vaticano en sustitución de Tarcisio Bertone.

Era el nombramiento más esperado desde que Jorge Mario Bergoglio fuera elegido Sucesor de Pedro el pasado mes de marzo. No en vano, el secretario de Estado es la mano derecha del Papa, lo que equivaldría al cargo de «primer ministro» en un Estado. Pues bien, ha sido el italiano Pietro Parolin, actual nuncio de la Santa Sede en Venezuela, quien tome el relevo del salesiano Tarcisio Bertone, que fue nombrado por Benedicto XVI en 2006, un año después de su elección. Francisco no ha querido demorar su nombramiento y en cinco meses ha puesto nombre y apellidos al que será uno de los pilares del Gobierno del Vaticano y, por tanto, de la Iglesia.

Con su nombramiento, según ha adelantado LA RAZÓN, se cumplen los pronósticos de quienes planteaban para el puesto a un italiano. Sin embargo, más que por equilibrio de fuerzas por el hecho de no ser Francisco italiano, lo cierto es que el currículum de Parolin habla de la vuelta del perfil un diplomático a la Secretaría de Estado, de un hombre con un expediente académico impecable que conoció la realidad africana en su primer destino, que vivió desde Roma los desafíos geopolíticos de los 90, contribuyó a establecer las relaciones directas con el gobierno chino y ha sabido actuar como embajador vaticano con mano izquierda ante las presiones del régimen chavista.

Además, Parolin llega al cargo con 58 años, convirtiéndose en el más joven de los secretarios de Estado del último siglo. Monaguillo de su parroquia en de Shiavon, perteneciente a la diócesis italiana de Vicenza, se quedó huérfano de padre con tan sólo diez años. Su madre, maestra de educación primaria, le sacó adelante junto con sus dos hermanos. Su vocación se forjó en torno a la figura de sacedortes con una amplia visión social del papel de la Iglesia, entre ellos, el que luego se convertiría en arzobispo de Florencia, Elia Dalla Costa. Así, con 14 años, entró en el seminario de Vicenza.

Durante su juventud, vivió los cambios del Concilio Vaticano II tras los pasos del obispo Arnoldo Onisto, volcado en el trabajo de la pastoral obrera. Su impecable expediente hizo que tras ser ordenado sacerdote en 1980 y tras dos años como coadjuntor de la parroquia de la Santísima Trinidad de Schio, comenzó sus estudios de Derecho Canónico en la Pontifica Universidad Gregoriana. De nuevo, en Roma destacó por su prudencia y buen hacer por lo que desde la Santa Sede se le invitó a formarse en la Academia Pontificia Eclesiástica.

En 1968 obtendría la licenciatura en Derecho Canónico con una tesis sobre el Sínodo de los Obispos. A partir de ahí se sucedieron sus destinos diplomáticos. Primero, Nigeria, donde tomo contacto con la realidad de África así como el diálogo entre cristianos y musulmanes. A estos tres años le siguieron otros tres en la nunciatura de México, en un periodo clave para la Iglesia pues precisamente en 1992 culminó allí su trabajo con un desafío resuelto: establecier las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el país americano.

De ahí, vuelta para Roma. En los 90 el papel de Juan Pablo II ante el fin del comunismo europeo y la Guerra del Golfo le llevaron a jugar un papel clave dentro de la segunda sección de la Secretría de Estado, que se encontraba bajo el timón, primero de Agostino Casaroli y, a partir de 1999, de Angelo Sodano. Entre los países que pasaron entre sus manos se encontraban algunos africanos, Indonesia y España. En 2002, fue nombrado subsecretario de la segunda sección de la Secretaría de Estado, la responsable de las relaciones con los estados, lo que vendría a ser como el secretario de estado de exteriores. Entre los principales asuntos que abordó se situaban las relaciones con Vietnam e Israel. Aunque si algo tuvo que abordar con especial delicadeza fue el hecho de mantener por primera vez contactos directos con China. También fue relevante su papel en la valiente carta que Benedicto XVI escribió en 2007 a los católicos chinos, donde instaba al Gobierno comunista a llegar a un acuerdo sobre el nombramiento de obispos, a respetar la libertad religiosa de los cristianos fieles a Roma perseguidos por el régimen y a mantener relaciones diplomáticas.

Hace cuatro años, Benedicto XVI le encomentó la tarea de ser el nuncio apostólico en Venezuela, una plaza harto complicada teniendo en cuenta la presión del régimen bolivariano de Evo Morales al resto de América Latina, sino al control interior del fallecido líder populista que buscaba hacer sobre los creyentes. Así el 12 de septiembre de 2009 recibía la ordenación episcopal de manos del ahora Papa Emérito.