El Papa fija el camino de la Iglesia: que acoja, respete e integre

El Papa Francisco preside el tradicional Vía Crucis con los jóvenes dentro de los actos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)/ Foto: Efe
El Papa Francisco preside el tradicional Vía Crucis con los jóvenes dentro de los actos de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ)/ Foto: Efe

Que la JMJ tiene también el objetivo de lanzar mensajes de aliento a los jóvenes centroamericanos, nadie lo duda

Que la JMJ tiene también el objetivo de lanzar mensajes de aliento a los jóvenes centroamericanos, nadie lo duda. Y el mejor ejemplo fue el Via Crucis que presidió el Papa en la tarde-noche del jueves, ante más de 250 mil jóvenes. Una celebración en la que se pidió por los diferentes conflictos que atraviesan los países de esta zona y que hacen más urgente todavía el llamamiento de Francisco a transformar la sociedad.

Cada una de las estaciones tuvo una temática distinta por la que rezar. Se abordaron asuntos como las vocaciones, el ecumenismo, la ecología, la inmigración y los refugiados, el aborto o el terrorismo. Fueron presentadas por una delegación de un país distinto. Y el silencio fue una constante. Silencio de los peregrinos orando en la llamada Cinta Costera por cada uno de los problemas que sufre Centroamérica y el resto del mundo.

En su homilía, el Papa sobre todo habló sobre la Virgen como la mujer fuerte que sostiene, abraza y da esperanza al cristiano, y no sólo a él. “Contemplamos a María, mujer fuerte. De ella queremos aprender a estar de pie al lado de la cruz. Con su misma decisión y valentía, sin evasiones ni espejismos. Ella supo acompañar el dolor de su Hijo, tu Hijo Padre; sostenerlo en la mirada, cobijarlo con el corazón”, afirmó.

“En María aprendemos la fortaleza para decir ‘sí’ a quienes no se han callado y no se callan ante una cultura del maltrato y del abuso, del desprestigio y la agresión y trabajan para brindar oportunidades y condiciones de seguridad y protección”.

Pero en su homilía también comunicó el camino que quiere que siga la Iglesia: “que propicie una cultura que sepa acoger, proteger, promover e integrar; que no estigmatice y menos generalice en la más absurda e irresponsable condena de identificar a todo emigrante como portador del mal social”.