Un abrazo que termina con mil años de desencuentros

El Papa Francisco y Kirill esperan que su histórico abrazo contribuya a la unidad entre católicos y ortodoxos, rota hace mil años: «Somos hermanos». Ambos líderes se comprometen, a través de una declaración conjunta, a defender a los cristianos perseguidos en Oriente Medio y África

El patriarca ruso Kirill y el Papa Francisco se abrazan ayer en La Habana tras un millar de años de cisma entre católicos y ortodoxos
El patriarca ruso Kirill y el Papa Francisco se abrazan ayer en La Habana tras un millar de años de cisma entre católicos y ortodoxos

El Papa Francisco y Kirill esperan que su histórico abrazo contribuya a la unidad entre católicos y ortodoxos, rota hace mil años: «Somos hermanos». Ambos líderes se comprometen, a través de una declaración conjunta, a defender a los cristianos perseguidos en Oriente Medio y África

«Finalmente». Fue la reacción del Papa Francisco nada más encontrarse con el patriarca ortodoxo ruso Kirill, con el que se fundió en un abrazo que ha tardado en producirse casi 1.000 años. Kirill tomó la palabra y confesó al Pontífice, que se alegraba de verlo, más que un cumplido al que Francisco contestó con un «gracias, hermano». Y es que la fraternidad –el Papa dijo varias veces «nosotros somos hermanos»– estuvo muy presente en el encuentro de dos horas entre ambos líderes. Y dijo más: «Tenemos el mismo bautismo, podemos conversar».

El Papa aprovechó también para agradecer a Kirill que «hubiese tenido la generosidad de cambiar las fechas de su viaje a Cuba» para que el encuentro se pudiera producir. «Quizá se podría haber celebrado antes –apuntó el patriarca ortodoxo–, pero ha habido acontecimientos y obstáculos. A pesar de todo, podemos conversar de corazón a corazón».

Francisco ya había manifestado en el vuelo que le llevó a Cuba que se trata de un viaje «muy deseado por mi hermano Kirill, por mí y también por los mexicanos». Después de diez siglos, el encuentro con el líder de Moscú, que fue anunciado por el Vaticano hace apenas una semana, tuvo lugar a última hora de la noche de España en el aeropuerto internacional José Martí de La Habana, donde llegó el vuelo papal después de poco más de doce horas. A su llegada, el Papa fue recibido por el presidente del país, Raúl Castro, y por el arzobispo de La Habana, el cardenal Jaime Ortega, así como por el nuncio apostólico, Giorgio Lingua, y otras autoridades. Luego, los dos líderes religiosos cristianos mantuvieron un encuentro privado de dos horas que se realizó en ruso y español, para lo que necesitaron dos traductores.

Tras la reunión, tuvo lugar la firma de una declaración conjunta en la que estuvo presente también Raúl Castro. El texto, de cuatro páginas de extensión y 30 puntos, muestra «la necesidad de colaboración entre los católicos y ortodoxos» y añade el deseo de que su encuentro «inspire a los cristianos de todo el mundo para invocar la plena unidad de sus discípulos». De hecho, en otro momento del texto se afirma que católicos y ortodoxos «no somos competidores, sino hermanos».

Dicho esto, la declaración firmada por ambos líderes recoge alguna de las preocupaciones comunes. Una de ellas es la persecución a los cristianos en algunas regiones del mundo. Por eso, juntos, hacen un llamamiento a la comunidad internacional «a tomar medidas inmediatas para evitar un mayor desplazamiento de cristianos» y piden a todas la partes implicadas en el conflicto que vive Oriente Medio que se sienten a negociar. «En esta época turbadora, se necesita el diálogo interreligioso. Las diferencias en la comprensión de las verdades religiosas no deben impedir que las personas de diversas religiones vivan en paz y armonía».

Del mismo modo, el documento recoge algunos de los retos que los cristianos, católicos y ortodoxos, deben enfrentar en nuestro tiempo: las sociedades secularizadas, el futuro de Europa –defienden «sus raíces cristianas»–, la pobreza extrema, los migrantes y refugiados, el sistema económico, la familia fundada sobre el matrimonio o el derecho a la vida.

Es tan ambiciosa la declaración que también aborda algunas cuestiones que todavía causan fricción en las filas de ambas confesiones. Es el caso de la relación de los greco-católicos y los ortodoxos y el conflicto de Ucrania, «que ya cobró muchas vidas, causó sufrimientos a los civiles, hundió la sociedad en una profunda crisis económica y humanitaria». «Instamos a nuestras Iglesias en Ucrania a trabajar para lograr la armonía social, abstenerse de participar en la confrontación y de apoyar el desarrollo del conflicto».

El histórico encuentro se cerró con los discursos de Francisco y Kirill, que expresaron la felicidad por la nueva etapa que se inicia. Mientras el patriarca incidió en alguna de las cuestiones acordadas en la declaración –compromiso común en favor de los cristianos perseguidos o el papel de la Iglesia en la sociedad moderna–, Francisco optó por agradecer a su interlocutor y al mediador, el presidente cubano Raúl Castro, su contribución al éxito del encuentro. «Si sigue así, Cuba será la capital de la unidad», dijo el Papa.

Precisamente, sobre la elección de Cuba como lugar de encuentro, el metropolita Hilarión, responsable de Exteriores del Patriarcado de Moscú, había explicado que se barajaron varias opciones, pero Kirill se opuso a que se celebrara en Europa, puesto que ha sido escenario de división y de conflictos entre los cristianos. Cuba es «neutral». «Cuba es una opción que satisface a todos, es una parte de la región que se está desarrollando de forma dinámica», y «la intersección de las rutas ha permitido organizar esta reunión», explicó Hilarión. Las «negociaciones» para un encuentro entre ambas Iglesias llevaba tiempo gestándose, aunque hasta ahora no se había podido celebrar por las heridas todavía abiertas en los ortodoxos. Sin embargo, Kirill ya se reunió en varias ocasiones con Benedicto XVI cuando era el responsable de Exteriores del patriarcado.

No hay que olvidar que tanto Juan Pablo II como Ratzinger manifestaron su deseo en varias ocasiones de sanar esas heridas, algo que nunca se llegó a producir. El primero quiso viajar a Moscú, pero no fue posible por ser polaco, ya que las relaciones entre los dos pueblos nunca han sido buenas. Por su parte, el Papa alemán vivió una situación semejante y, aunque Kirill sucedió a Alejo II –famoso por su hostilidad hacia los católicos–, las relaciones estaban demasiado deterioradas.

Francisco también habló de la posibilidad de este encuentro el 30 de noviembre de 2014, durante el vuelo de regreso de su visita a Estambul. Al ser preguntado por un periodista sobre un posible encuentro con el líder de la Iglesia rusa dijo: «Yo se lo he hecho saber y él también está de acuerdo; existe la voluntad de encontrarnos. Le dije: ‘‘Yo voy a donde me digas. Tú me hablas, y yo voy’’». Fue ayer.

Los desencuentros

Iglesia católica

- El Papa es el sucesor de San Pedro y como tal posee el primado de la Iglesia. Se le reconoce además inflibilidad.

- Los sacerdotes católicos de rito latino deben ser célibes. Por lo tanto, no pueden casarse.

- Vida religiosa. La Iglesia católica cuenta en sus filas con miles de congregaciones y órdenes religiosas.

- Doctrina. La Pascua no se celebra el mismo día. Tiene el dogma de la Inmaculada y se veneran imágenes.

Iglesia Ortodoxa

- No se admite la supremacía universal del Papa ni su infalibilidad. Sólo reconoce una «primacía de honor».

- Los sacerdotes no tienen por qué ser célibes. Es decir, permite ordenar a hombres casados.

- Sin órdenes religiosas. La Iglesia ortodoxa rusa no cuenta con congregaciones. Y es que no admite su existencia.

- Doctrina. Tiene fechas diferentes para la Pascua. Ven redundante el dogma de la Inmaculada. No admiten imágenes 3D.

Viajará a Colombia en 2017 si hay paz

Durante el trayecto hacia Cuba, el Papa se detuvo con algunos periodistas para conversar, recibiendo regalos y atendiendo a las diversas peticiones que le realizaron. Entre ellos, la periodista mexicana Valentina Alazraki le regaló un típico sombrero mexicano con motivos florales, una imagen de la Virgen de Guadalupe, otra del propio Francisco y el mapa de América con México más destacado. Entre los diversos obsequios que recibió Bergoglio también se encontraban un par de zapatos blancos y un paquete de café colombiano, que le entregaron un periodista mexicano y otro colombiano, respectivamente. Fue precisamente a él a quien confirmó que acudirá al país en 2017 si el Gobierno y las FARC finalmente logran firmar un acuerdo de paz.