El Papa: «Hace llorar ver a seres humanos tratados como mercancía»

Veneró la Sábana Santa en Turín y celebró con los salesianos su bicentenario. Llamó a los fieles a rechazar «una corrupción que parece una actitud»

El Papa Francisco comenzó ayer su visita pastoral al Piamonte. El acto más llamativo tuvo lugar en la capital, Turín, donde rezó ante la Sábana Santa –tela que, se presume, fue empleada para envolver a Jesús de Nazaret en el sepulcro–.
El Papa Francisco comenzó ayer su visita pastoral al Piamonte. El acto más llamativo tuvo lugar en la capital, Turín, donde rezó ante la Sábana Santa –tela que, se presume, fue empleada para envolver a Jesús de Nazaret en el sepulcro–.

Nuevo viaje del Papa, esta vez al desplazarse ayer a Turín, donde permanecerá hasta esta tarde. El motivo de la visita fue venerar la Sábana Santa, expuesta en la catedral con ocasión del bicentenario del nacimiento de San Juan Bosco, fundador de los Salesianos. A lo largo del día tuvo varios actos: con gente del ámbito del empleo, una misa multitudinaria, un emotivo encuentro con los salesianos, otro con los enfermos y, por último, con los jóvenes de la diócesis. «El trabajo no es necesario sólo para la economía, sino para la persona humana, para su dignidad, para su ciudadanía y para la inclusión social», subrayó al poco de llegar a la ciudad en su discurso al mundo del trabajo. Francisco pidió un «pacto social y generacional» para «poner a disposición datos y recursos en la perspectiva de hacer juntos» y aseguró que «es el momento de reactivar una solidaridad entre las generaciones, de recuperar la confianza entre jóvenes y adultos». En su opinión, esto implica «abrir posibilidades concretas de crédito para nuevas iniciativas, activar una constante orientación y acompañamiento al trabajo, sostener el aprendizaje y el recuerdo entre las empresas, la escuela profesional y la universidad».

En la ciudad donde nació la famosa Fiat, el Papa pidió «confirmar el ‘‘no’’ a una economía del descarte, que pide resignarse a la exclusión de aquellos que viven en pobreza absoluta» como los inmigrantes, sobre los que afirmó que «hace llorar ver el espectáculo de estos días en los que vemos seres humanos tratados como mercancía». De nuevo, el Pontífice hizo un llamamiento a «revalidar el ‘‘no’’ a la idolatría del dinero, que empuja a todos a entrar a toda costa en el número de los pocos que, a pesar de la crisis, se enriquecen, sin ocuparse de tantos que se empobrecen, a veces hasta el hambre». «Estamos llamados a decir ‘‘no’’ a la corrupción, tan extendida que parece ser una actitud, un comportamiento normal», manifestó. «No a las conjuras mafiosas, a las estafas, a los sobornos y cosas por el estilo», dijo con firmeza. Para lograrlo, Bergoglio afirmó que se requiere «de un modelo económico que no esté organizado en función del capital y de la producción sino sobre todo del bien común».

Ya en la homilía que pronunció destacó que «las familias necesitan sentir la caricia materna de la Iglesia para avanzar en la vida conyugal, en la educación de los hijos, en el cuidado de los ancianos y también en la transmisión de la fe a las jóvenes generaciones». Además, pidió a los fieles que sean capaces de «reconocer los propios límites, las propias debilidades, es la puerta que abre al perdón de Jesús, a su amor, que puede renovarnos en lo profundo, que puede recrearnos».

Antes de verse con los salesianos, el Pontífice se detuvo en la Casa de la Divina Providencia, en la que se asiste a enfermos y personas sin hogar. Allí denunció que «a pesar de los grandes avances científicos», se ha extendido «una cultura del descarte como consecuencia de una crisis antropológica que no tiene al hombre en el centro, sino al consumo y los intereses económicos». Asimismo, tuvo palabras especiales para los ancianos, a veces considerados por la sociedad como «un peso» y también para los enfermos, según él, «miembros preciosos de la Iglesia».

Bergoglio anima a los jóvenes a que no sean hedonistas y vivan «en castidad»

Francisco demostró de nuevo que entre jóvenes se encuentra como en casa. Sometido a las preguntas de tres de ellos, el Papa se olvidó del discurso que había preparado y habló «desde el corazón». Entre sus indicaciones, una fuerte llamada a que «vivan en castidad» y a no dejarse arrastrar por la cultura hedonista imperante. A los jóvenes les pidió también que vayan «contracorriente» y que sean activos. «No vayan en pensión, hagan cosas constructivas» y «creativas» porque «si permanecen quietos, no harán nada en la vida, te robarán la vida». Bergoglio les pidió no ser «ingenuos» y evitar comprar «porquerías», arrastrados por publicidades engañosas. Antes de despedirse les recordó que «ser universitario significa salir con los pobres, evitando «quedarse quietos».