El Papa planea simplificar la Curia

Francisco quiere adelgazar la estructura vaticana, en línea con el deseo manifestado por muchos purpurados en el precónclave

Con la llegada del Papa Francisco al solio pontificio, comienza una nueva época para la Curia romana. El estilo sencillo y humilde del que Jorge Mario Bergoglio ha hecho gala durante sus quince años como arzobispo de Buenos Aires va a ir calando poco a poco también en Roma. No habrá una ruptura con los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI ni saltos doctrinales arriesgados, pero sí una nueva forma de hacer las cosas: más directa, fresca y espontánea. En los dos días que ha pasado Bergoglio como obispo de Roma ha tenido una infinidad de gestos que invitan a pensar en ese sentido.

Francisco, que no estudió en ninguna de las universidades pontificias de Roma ni trabajó nunca en la Santa Sede, visitó poco la Ciudad Eterna en su etapa anterior. Prefería ocuparse de los problemas de su diócesis y de Hispanoamérica en lugar de los corrillos que surgen a la sombra de la cúpula de San Pedro. Su preocupación no era buscar un puesto en Roma, sino llevar la Palabra de Dios a los argentinos y al resto de hispanoamericanos. De hecho, fue él quien redactó el documento de Aparecida, un texto secundado por todo el episcopado de la región que propone una nueva forma de hacer Iglesia.

Con el nuevo Papa, los cambios en el Vaticano podrían venir con un adelgazamiento de su estructura. Contestando ayer a los periodistas, el portavoz vaticano, el jesuita Federico Lombardi, dijo que no creía que Francisco vaya a crear nuevos dicasterios en la Santa Sede, sino que lo más probable era que los «simplificase». Si finalmente el obispo de Roma realiza una reforma de los «ministerios» con que se organiza el gobierno de la Iglesia, respondería a la petición que han realizado buena parte de los purpurados durante las congregaciones generales, las reuniones previas al cónclave.

«En la Curia romana se hace un trabajo muy bueno que en ocasiones no tiene reconocimiento, pero es cierto que hace falta más transparencia y agilidad», decía el jueves el cardenal canadiense Thomas Collins, arzobispo de Toronto. Los cambios de Francisco también podrían establecer un nuevo equilibrio entre Roma y los episcopados locales. Muchos católicos piden una mayor autonomía de sus diócesis y de las Conferencias Episcopales y no sería extraño que hubiera novedades en ese sentido.

La posible simplificación de la Curia que realice Francisco comienza por su círculo más inmediato. El nuevo Papa viajó a Roma para participar en el cónclave solo, sin secretario personal, algo extraño en un cardenal. Lombardi confirmó ayer que «no hay noticias» de que Bergoglio tuviera un asistente antes ni de que vaya a contar con uno ahora como nuevo obispo de Roma. Estos días está acompañado en sus apariciones públicas por el alemán Georg Gänswein, secretario personal de Benedicto XVI, por su responsabilidad como prefecto de la casa pontificia, pero no es su asistente.

Siguiendo «la tradición» de la Santa Sede, según contó Lombardi, puede que durante un tiempo el segundo secretario del Papa emérito, el maltés Alfred Xuereb, le eche una mano a Francisco para ayudarle a conocer el día a día de la vida vaticana.