El Papa tal cual es

Aunque parezca increíble, Bergoglio empezó a escribir la redacción definitiva de «Evangelii Gaudium» durante las pocas horas libres que le dejaba su repletísima agenda de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro. A su regreso al Vaticano, el Papa prosiguió su trabajo en la Casa de Santa Marta. Vino después el trabajo de corrección y las traducciones, de manera que todo estaba listo para poderlo entregar a una representación del Pueblo de Dios en la eucaristía de clausura del Año de la Fe. Cuatro meses para las 142 páginas que ocupa su edición española. Edición que ha sido la primera en estar lista, puesto que estamos ante el primer documento papal de la historia de la Iglesia escrito en español, aunque su versión oficial siga siendo la latina. En efecto, Bergoglio utiliza su lengua materna para escribir sus documentos y sus discursos y no es excepcional que, incluso cuando habla en italiano, se le escapen palabras y expresiones de la lengua de Cervantes. Pero al margen de estas anotaciones lexicográficas, estamos ante un documento salido, casi sin mediaciones, de las manos del Papa. Es inconfundible su estilo; desarrolla con mayor amplitud temas que ya ha tocado en sus homilías mañaneras de Santa Marta; expone sus ideas-clave para la renovación de la Iglesia y una más incisiva acción evangélica en el mundo; se adivina entre sus líneas el fruto de sus meditaciones y de sus vivencias personales. Estamos técnicamente hablando ante una exhortación apostólica, pero en realidad se trata de una encíclica programática como lo fue en su día la «Ecclesiam Suam» de Pablo VI ( dos veces citadas) o la «Deus caritas est» de Benedicto XVI. Hablando de citas, sorprende el alto número de referencias que hace el texto papal a documentos de conferencias episcopales de países como Francia o EE UU, pero también de India, Brasil o el Congo. Se ve que no quiere ejercer el magisterio en solitario, sino en compañía de los obispos, como lo reclama en el texto de la exhortación. Igualmente son numerosas las citas del Concilio Vaticano II y, más en concreto, del importante discurso que Juan XXIII pronunció en su sesión de apertura cuando se disoció de los «profetas de desventuras». Esta actitud es sin duda la que une al beato Papa Roncalli y a Bergoglio, que hará santo a su predecesor sin esperar a que se haya producido un segundo milagro atribuido a su intercesión. Un cristiano, como ha dicho tantas veces desde su elección y repite ahora una vez más, «no puede dejar que le roben la esperanza».