El Vaticano se apunta al fútbol femenino

El equipo de la Santa Sede está formado en su mayoría por mujeres e hijas de empleados y también por trabajadoras de los dicasterios. Se estrenaron el domingo contra la Roma.

La lluvia que cayó sobre el césped del estadio los Caballeros de Colombo empañó el estreno del equipo, que finalmente perdió contra la Roma
La lluvia que cayó sobre el césped del estadio los Caballeros de Colombo empañó el estreno del equipo, que finalmente perdió contra la Roma

El equipo de la Santa Sede está formado en su mayoría por mujeres e hijas de empleados y también por trabajadoras de los dicasterios. Se estrenaron el domingo contra la Roma.

Saltan al terreno de juego cinco minutos antes del horario previsto para el comienzo del partido. Son las cinco de la tarde del domingo, hace un día de perros y no se espera que cese la lluvia. Desde el campo de los Caballeros de Colombo se ve la cúpula de San Pedro al fondo. La estampa sería de postal si no fuera por unas nubes grises que dominan el cielo. Con abrigos y paragüas en la mano hacen acto de presencia las nuevas futbolistas al servicio del Papa. El clima no ha querido acompañar en el día de su estreno. En frente tienen a las todopoderosas juveniles de la Roma, que este año han terminado cuartas en la máxima competición nacional. Tampoco ellas facilitan la tarea. El nivel es demasiado exigente para el debut de la selección de fútbol femenino del Vaticano, un conjunto creado hace apenas unos días y que ha tenido este fin de semana su puesta de largo.

Sin tiempo apenas para calentar, las chicas tienen que atender además a la Prensa. Eugene Tcheugoue se coloca el brazalete de capitana a la carrera. «El principal mensaje es promover la actividad deportiva y destacar los valores de la solidaridad y el esfuerzo, que los jóvenes no siempre tienen presente», dice. A sus 47 años, vuelve al césped tres décadas después de haber jugado en Camerún, su país natal. Ahora es delantera del equipo y trabajadora del Dicasterio para los Laicos, Familia y Vida. En Eugene recaen las esperanzas de aprovechar algún balón suelto para marcar el primer gol en la historia del equipo femenino del Vaticano. Pero el partido contra la Roma está algo desequilibrado. A la delantera todavía le faltan unas cuantas sesiones de entrenamiento para la puesta a punto y a sus rivales, que tienen la mitad de edad, les sobra energía y calidad en las botas. El balón se mueve únicamente en la mitad del campo del Vaticano. Desde el banquillo se aplaude un buen despeje, una parada de su portera o un robo que no termina de fructificar en contraataque. Los goles van cayendo casi por inercia hasta el 10-0 final. Nunca antes como en esta ocasión fue tan oportuno aquello de que el resultado es lo de menos.

El conjunto se presentó hace solo dos semanas, por lo que apenas han tenido tiempo para conocerse. Además, con las prisas, han tenido que recurrir al mercado de fichajes para poder completar un once con sus correspondientes cambios. Todas visten camiseta amarilla y pantalón blanco, representando los colores de la Santa Sede, pero entre ellas han incorporado a varias futbolistas que proceden del equipo del hospital pediátrico Bambino Gesù, propiedad del Vaticano. La más veterana, Francesca Stoppa, asegura que juegan con «la alegría y la felicidad del mundo femenino que están presentes en el Vaticano y en el hospital del Papa». Aunque el resultado es el que es. Tiene 54 años, trabaja como reanimadora en el centro médico, ejerce de sanitaria en el equipo y cuando es necesario echa una mano en el centro del campo para contener las embestidas de las contrarias.

750 mujeres en la Santa Sede

En realidad, la historia de este equipo comienza con las empleadas del hospital. El año pasado, durante una iniciativa para las familias de los empleados del Vaticano, jugaron un partido de fútbol femenino y algunas se quedaron con el gusanillo. El Bambino Gesù organizó una liga interna entre sus trabajadoras, de las que algunas se han integrado ahora en este nuevo bloque. De las 4.800 personas que trabajan para la Santa Sede, sólo 750 son mujeres. El 60% de las futbolistas son esposas o hijas de funcionarios vaticanos, mientras que el resto trabajan en distintas instituciones como dicasterios o la sala de Prensa; o son empleadas del supermercado o la farmacia que hay más allá de los muros que rodean la Plaza de San Pedro. En la plantilla hay espacio para todos los perfiles: desde madres, mujeres por encima de los 50 o jóvenes de poco más de 20 años.

La responsable del equipo, Susan Volpini, ha contado que Francisco ha dado un fuerte impulso a esta iniciativa. El deporte es para él una forma de acercarse a los más jóvenes, como ha demostrado en innumerables audiencias no solo con personalidades del mundillo, sino también con equipos amateurs o federaciones que se ocupan de modalidades minoritarias. Sin ir más lejos, el pasado viernes organizó un acto en el que les recordó a los más pequeños que el fútbol es «una gran ocasión para dar lo mejor de uno mismo, con sacrificio y empeño, pero nunca de forma individual». Allí estaban viejas glorias como Samuel Eto’o o Clarence Seedorf, pero también 5.000 niños que sueñan con convertirse en futuras estrellas. Desde hace años el Vaticano ya tiene un equipo de fútbol masculino. Pero ahora, según Volpini, se trata de dar ejemplo para que otras mujeres se sumen y demuestren que esto del balón no solo es una cosa de hombres. En este tiempo varias de ellas ya lo han hecho. Y así se llegó al pasado domingo, cuando de nuevo se conmemoraba el día de la familia de los empleados del Vaticano. Por eso el partido contra la Roma hubo que organizarlo con ciertas prisas. Antes del encuentro, el Papa había mandado un mensaje a través del secretario de Estado, Pietro Parolin, en el que expresó su «aprecio por el significativo acontecimiento destinado a promover el conocimiento mutuo y el compartir fraterno entre los que están al servicio de la Santa Sede».

El equipo está apadrinado por el antiguo portavoz del Vaticano Federico Lombardi y por el coordinador interino de la Secretaría de Economía, Luigi Mistò. Sin embargo, entre las decenas de asistentes que copaban la grada del campo no había ningún alto representante de la Santa Sede. A las chicas no les hubiera venido mal un poco de ayuda divina, pero la expectación quedó entre los familiares y un buen puñado de periodistas que grababan desde la banda los primeros pasos de este equipo. Tampoco los millonarios contratos televisivos de retransmisión fueron ningún problema.

Dentro de unas semanas se disputa en Francia el Mundial de fútbol femenino. A la selección vaticana todavía le viene un poco grande la cita, pero todo se andará. La lateral izquierdo, Chiara Nascia, confesaba a este diario que «de momento lo que más miedo dan son las rivales». Ante la Roma tratarían de «limitar los daños», aunque el marcador finalmente dejó pocas interpretaciones.

Ese fue su primer y último partido antes de viajar el próximo mes a Viena para disputar un torneo organizado por el Bambino Gesù. Será un nuevo amistoso en el que volverán a defender los colores del Vaticano únicamente con un mensaje de solidaridad en juego.